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Foto: Jusaeri

Amanece el 9 de marzo y las ciudades en donde hubo marchas y manifestaciones con motivo del Día de la Mujer vuelven a la cotidianidad. Eso sí, por aquí y por allá hay cuadrillas de trabajadores de limpia enfrascadas en una labor que se va haciendo habitual cada año: el retiro de basura y “lavado” de monumentos; retirando pintas según su entender y también de acuerdo al equipo y materiales de que les hayan dotado sus superiores.

Lavar no equivale a restaurar, por lo que las huellas de pintura seguirán ahí, como cicatrices. Pero la ciudad sigue viva, algo que no pueden decir Kimberly Jocelyn Ramos y Karol Toledo, en Morelos, sólo por mencionar a dos estudiantes que por la exposición mediática de sus casos fueron estandarte de las marchas del domingo. También, otra mujer, esta de 62 años, estuvo a poco de formar parte de la cruel estadística de víctimas de violencia física, así haya sido por un intento de robo con violencia. Amanece, y tanto los ataques como el reclamo de justicia siguen ahí.

Ha amanecido y la ciudad vuelve al ritmo habitual de vida. Y las autoridades se las ingenian para responder a los reclamos. Eso sí, como pueden y también de acuerdo a su agenda política y, muy importante, según los dictados del presupuesto.

Mientras, otras mujeres reciben reconocimientos como “tejedoras de la patria” y defensoras de la soberanía. Pertenecer a las fuerzas armadas no es fácil, como tampoco lo es ser parte de las Ateneas, en la Ciudad de México, o mujer policía en Campeche.

El reconocimiento es merecido. Sin embargo, para ellas también debe existir justicia, entendida como el seguimiento del debido proceso en la detención y puesta a disposición, así como en la imposición de pena a las personas responsables de agredirlas; sin extender la persecución hacia quienes no hayan tenido relación con los hechos.

Las primeras luces dejan ver, mientras el polvo se asienta, que el futuro se está labrando ahora, ladrillo a ladrillo. Aquí, se anuncia una convocatoria para que mujeres puedan acceder a estudios universitarios por vía remota; una manera de acercar la educación a quienes por alguna razón han visto reducidas sus oportunidades de continuar estudiando, y un esfuerzo digno de ser apoyado y se le desea el mayor de los éxitos tanto al programa como a cada una de las que responda a la convocatoria.

En otras latitudes, entra en funciones el Hospital Oncológico para la Mujer, que proyecta atender a medio millón de pacientes al año; una cifra que espanta sólo de imaginar cuántas enferman de algún tipo de cáncer en todo el país y del valor que se requiere para enfrentar este mal. Del tamaño del miedo es el de la necesidad. La exigencia ahora es que el nosocomio siempre cuente con el personal más capacitado en su especialidad, así como con insumos y medicamentos garantizados.

Amanece, y el país se encuentra en una nueva realidad, en un momento que puede aprovechar para adaptarse y responder adecuadamente a las exigencias del día y de toda la población. Es tiempo para construir, remodelar, adaptar las instituciones para el país que se ha levantado para continuar con su jornada.

Lea, de la misma columna: Gritos que no caben en una sola marcha

Edición: Fernando Sierra


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