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Foto: The White House

El panorama es alarmante, desolador y profundamente doloroso. Más allá de cualquier tablero de ajedrez geoestratégico, lo que hoy enfrentamos es el agotamiento de la cordura, y el fin del derecho internacional donde manda el mazo del más fuerte.

Los objetivos de Estados Unidos y de Israel se diluyen, el discurso propagandístico está por cambiar, el desnudo será inminente. Atacar a Irán va más allá del sistema monárquico religioso y la amenaza de la región.  

El sábado en Miami, la puesta en escena fue irónica. Donald Trump se reunió con 12 de las 17 naciones de América para dar forma al llamado “Escudo de las Américas”. Bajo el desgastado pretexto de la lucha contra los cárteles —con México señalado una vez más como el epicentro del narcotráfico— se cocina una legitimación peligrosa: la amenaza abierta de intervenir militarmente en territorio mexicano.

El objetivo se lee en varias capas: blindar la región ante la influencia de Oriente y asegurar puntos estratégicos para bases militares. Pero también es una maniobra de cinismo puro. Con 60 por ciento de la población estadunidense rechazando la guerra y su popularidad en caída libre, Trump necesita un enemigo cercano achacándole la producción de la droga que consumen sus ciudadanos,  aunque sepa que también ellos mismos las  fabrican, además de la venta de armas, un sistema económico creado por sus estrategias.

Resultó patético observar a esos 12 países con sus presidentes  arrodillados, estirando la mano, aplaudiendo  y celebrando un proyecto que solo les asegura un rol de subordinados y cacheteados por su “maldito idioma”.

Las ausencias son elocuentes: ni Brasil, ni Colombia, ni México fueron invitados. Colombia y México están en el ojo del huracán; Brasil, como potencia del BRICS, no juega al ritmo de Washington y se planta frente al control del petrodólar.
En medio de este caos de sangre, Trump se permite "bullear" a la Presidenta de México, demostrando que en su visión de mundo no existen aliados, solo piezas prescindibles.

Mientras tanto, el horror en Medio Oriente ha cruzado una línea de la que no hay retorno. El lunes, la portada del New York Times publicó una fotografía de la agencia EFE que nos obliga a mirar el abismo. Los fierros retorcidos de una escuela de niñas en Minab, Irán, son el monumento a la barbarie.

La investigación periodística es irrebatible. Un impacto directo, no un error. Analistas de inteligencia visual y expertos en balística confirmaron que los restos pertenecen a un misil de crucero Tomahawk. El sello del Pentágono ha quedado impreso en la muerte de 175 niñas, pequeñas de entre 6 y 11 años.

Desde la sede de la ONU, el embajador iraní Amir Saeid Iravani fue lapidario: “Es una guerra de agresión deliberada, no provocada e ilegal. Han martirizado a 175 niñas; más de la mitad solo pudieron ser identificadas mediante pruebas de ADN”. Según las cifras presentadas ante el Consejo de Seguridad, la cifra de civiles asesinados en esta escalada ya supera los 1,332, transformando la región en una fosa común.

En Washington llaman a esto “daños colaterales”, una frase gélida diseñada para anestesiar conciencias. Pero no hay semántica que valga cuando un padre busca un zapato escolar entre los escombros calcinados.

El cielo de Teherán permanece negro por el humo del ataque israelí a sus bases petrolíferas. Pero el incendio es mayor en el espíritu nacional. Miles de ciudadanos han salido a las calles para respaldar al nuevo Líder Supremo, Sayyid Mojtaba Khamenei, quien asume el mando.

La llegada de Mojtaba anuncia una guerra de resistencia. Vladimir Putin, en un mensaje directo de respaldo, advirtió: “En estos tiempos de agresión armada, Rusia ha sido y seguirá siendo un socio fiable para Irán. Reafirmamos nuestro apoyo inquebrantable y solidaridad frente a estas duras pruebas”. China  observa con cautela, entiende que el objetivo real de Washington es minimizar su influencia de mercado y su reserva energética.

Esta guerra puede colapsar a Europa, a Medio Oriente, a Estados Unidos y en menor medida a China y Rusia. 

Estamos frente a un león encerrado en su propia paradoja; la creación  de la destrucción mundial.

Treinta años en medios he visto de todo, ante la realidad el corazón se niega a endurecerse. Si permitimos que el asesinato de 175 niñas en Minab sea sólo una estadística y si se pisotea el derecho internacional, entonces el misil no solo destruyó una escuela; nos ha destruido a todos nosotros como especie.


Paso de gato

Me llamó  la atención un par de reportajes con tinte de "investigación" publicados por Televisa en su noticiero estelar la semana pasada. El objetivo: denostar a Rafael Marín Mollinedo, actual director de Aduanas y posible carta fuerte de Morena para Quintana Roo. La disputa por el estado es encarnizada y, por la manufactura de los ataques, todo indica que el proyectil fue inyectado por fuego amigo. La guerra interna también tiene sus propios "daños colaterales".


Lea, de la misma columna: De futbol, guerras y petróleo

Edición: Fernando Sierra


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