Opinión
Pablo A. Cicero Alonzo
10/03/2026 | Mérida, Yucatán
Un hombre ha muerto de viejo, y así se mantiene el orden natural de las cosas ❶. A Antonio Lobo Antunes no le espera nada nuevo, pues él mismo firmó una novela titulada Conocimiento del infierno ❷. A lo más, se parará ahí, prenderá un cigarro, y dirá: Buenas tardes a las cosas de aquí abajo ❸.
Fue el último gran escritor de una estirpe que se planteó desentrañar la naturaleza de los dioses; a diferencia de la mayoría, él lo logró. Nadie escribe como yo, se jactaba en una de sus últimas entrevistas, altanería que hoy se confirma y bien se puede tallar en el frío mármol. Nadie escribía como él.
Lobo Antunes tenía 83 años. Le dio la bienvenida a la muerte con otro título de sus libros: Para aquella que está sentada en la oscuridad, esperándome ❹. Había sobrevivido ya a la guerra, a la viudez y a tres cánceres, pero aún se aferraba al suelo, preguntándose qué caballos son aquellos que hacen sombra en el mar.
Psiquiatra, comenzó su cruzada contra la escritura en las eternas tardes de consulta, garabateando el recetario con el torrente de sus pensamientos. Su prosa rompe cualquier esquema, y logra materializar el éter del pensamiento; leer a Lobo Antunes es sumergirte, en una escafandra, en la mente.
Tenía una memoria de elefante ❺, y en una de sus crónicas o en una entrevista —yo no recuerdo— ubicaba en los pasillos de ese hospital lisboeta la epifanía de su vocación: su vida de escritor brotó de un niño muerto. Lobo Antunes describió la escena: un enfermero cargando el cuerpo de un niño envuelto con una sábana blanca, de la que sólo se libraba un pie.
Ese miembro, frío y azul, le restregó al médico la realidad: que había cosas que sólo se podrían describir directamente desde el manantial del sentimiento, sin el filtro de la razón. Y desde entonces comenzó un inmenso, meticuloso Tratado de las pasiones del alma ❻ que abarcaría casi cuarenta volúmenes. Fue médico de guerra en el culo del mundo ❼, Angola. Ahí estuvo dos años, viendo cómo el ejército colonial al que pertenecía, para ahorrar municiones, amarraba a prisioneros vivos con cadáveres; la putrefacción no distinguía la frontera entre la vida y la muerte. Aún en el archipiélago del insomnio, lograba cribar belleza: un océano de girasoles que se erizaba en el amanecer.
A la condena de la guerra le siguió la redención de la revolución, cuando una lluvia de claveles inundó su patria al regresar. En esa osadía de coroneles se encontraban compañeros suyos, que se negaron a seguir el manual de inquisidores ❽ y armaron la máquina de la comisión de las lágrimas ❾. Y fueron éstas —una lluvia como fado alejandrino— las que poco a poco limpiaron la conciencia del médico Lobo Antunes, quien comenzó a usar a su consultorio para tratar al más loco de los locos: él mismo. En esas sesiones, en las que la escritura fluía sobre los ríos que van, no podía espantar una amenaza: ¿Qué haré cuando todo arda? ❶❶ Y así se refugió en su niñez, la última puerta antes de la noche. Sus crónicas son una disección de sus días felices, la autopsia de la inocencia. En ese nuevo esplendor de Portugal ❶❸ cimentó su carrera como escritor, que poco a poco fue alzándose, incluso más arriba que el otro titán de su generación: Saramago. A éste no lo tenía en muy buena estima, tanto en lo personal como en lo literario. En el claustro de su obra, Lobo no comprendía el furor con el que se promovía Saramago.
Aún así, a éste le dieron el premio Nobel, negándoselo por consecuencia a aquél. "Que se joda el Nobel», aulló Lobo Antunes en una de sus últimas entrevistas, cuando se arañaba el fin de la cuarentena al idioma portugués.«Un premio no hará a mis libros mejores".
Al final, tuvo razón, con la devaluación reciente del premio, que recaló en quien bien podría presentarse como Mi nombre es Legión ❶❹. Como pasó con la muerte de Carlos Gardel ❶❺, cuando la riviera de la plata fue la única que enlutó, pocos son los obituarios fuera de Portugal que recuerdan a Lobo Antunes. En México, los medios replican necrológicas cuajadas de lugares comunes. Sin embargo, la profundidad de su arado en el prado de la literatura lo convertirán en uno de los grandes autores de la historia.
A sus lectores en español aún nos lega su última novela, aún no traducida: Diccionario da Linguagem das Flores ❶❻, una promesa que huele a crisantemos.
En su última exhortación a los cocodrilos, Lobo Antunes reconoció: "La vida es amor y amistad; el resto es una mierda". Nos lega sus exorcismos y sus arrebatos. Y todo lo demás.
Edición: Fernando Sierra