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Cautivan en Mérida la música de Tchaikovsky y el virtuosismo del italiano Valerio Scarano

Presentó violinista conmovedora obra póstuma para una niña muerta de Alban Berg
Foto: Jesús Mejía

Con la música de Tchaikovsky y el virtuosismo del joven italiano Valerio Scarano en la interpretación del Concierto para violín “A la memoria de un ángel” de Alban Berg, la Orquesta Sinfónica de Yucatán refrendó el respaldo y la aclamación del público yucateco.

A tres días de que el Patronato de la OSY lanzó una convocatoria abierta para solicitar a la sociedad su respaldo mediante aportaciones o donaciones, a fin de solventar necesidades y cimentar su futuro, el pleno de músicos recibió una cálida recepción de la audiencia tras la presentación de su quinto programa de temporada.

Dueño de una evidente memoria musical, el maestro Alfonso Scarano marcó, sin partitura y sólo con su batuta, los cuatro movimientos y las entradas de las diferentes secciones de la orquesta durante la interpretación, de casi una hora, de la Sinfonía No. 5, Opus 64, en mi menor de Tchaikovsky.

Estrenada en noviembre de 1888 en San Petersburgo, la obra fue celebrada por la nutrida asistencia al auditorio del Palacio de la Música por su sinceridad emocional y los inconfundibles rasgos rusos desplegados por el compositor como expresiones del romanticismo y nacionalismo que caracterizaron su música.

Todas las secciones de la orquesta desplegaron un final de fanfarrias y pasajes de gran alegoría como triunfo del destino ante la adversidad, un lenguaje homónimo que Beethoven empleó antes en su icónica Quinta Sinfonía en do menor, lo que hizo saltar al público de las butacas al final de la interpretación.

La primera parte del programa estuvo a cargo del solista invitado, Valerio Scarano, quien ofreció el Concierto para violín de Alban Berg (1885-1935), una obra de corte contemporáneo que resultó una novedad para la mayoría por su estructura tonal dodecafónica y honda melancolía, ya que está dedicada a una niña fallecida.

El violín es uno de los instrumentos capaces de sacar a flote, desde las entrañas del alma, melancolías y profundas amarguras, tal como ocurrió con la obra subtitulada “A la memoria de un ángel”, a cargo del solista italiano invitado, hijo del director de orquesta.

Con su padre en el podio, el violinista de 22 años, señalado en su currículum como un prodigio —ya que desde los siete años ofrece presentaciones como concertista—, desarrolló los pasajes sombríos de la obra de Alban Berg, ahora presentada en Mérida a 90 años de su estreno en 1936 en Barcelona, España.

La génesis de esta obra está marcada por la tragedia, ya que Alban Berg la escribió como un réquiem para Manon Gropius, la joven hija de la compositora Alma Mahler y del arquitecto Walter Gropius, cuya agonía y muerte conmovieron al compositor, quien retomó esta experiencia como leitmotiv de la música.

Este sentimiento de pérdida fue desplegado con acordes de languidez y melancolía por Valerio Scarano, quien mostró no sólo dominio técnico en el uso de una escala dodecafónica, sino una sensibilidad innata que transmitió al público que acudió al auditorio del Palacio de la Música.

En dos movimientos desarrollados en 30 minutos, Valerio Scarano obtuvo de su violín —un Giuseppe Pedrazzini de 1930, firma de uno de los lauderos más importantes de Italia, junto a los Amati, Guarnerius y Stradivarius de Cremona— melodías y acordes delicados con los que hizo vibrar a los asistentes.

Esta obra es considerada una de las más desgarradoras del siglo XX, ya que el discurso sonoro se entrelaza con el coral Es ist genug de la Cantata BWV 60 de Bach, similar al famoso Es ist vollbracht (Todo está consumado) de La Pasión según San Mateo del propio compositor alemán.

Otras composiciones capaces de conmover hasta las lágrimas al auditorio son el Adagio de Barber, Air de Bach o algunos conciertos para violín, como el primer movimiento de la obra de Sibelius, la Canzonetta —una joya de melancolía rusa— de Tchaikovsky, o el Adagio del Concierto No. 1 de Max Bruch.

Valerio mostró en su primera presentación en México una gran compenetración con su violín y las razones por las que ha ganado más de diez primeros premios en concursos internacionales de gran renombre. Victorias en certámenes como los de Cremona y Moncalieri avalan su técnica impecable y la sensibilidad artística mostrada en el escenario.

Ante la cálida recepción del público, el joven violinista, con vestuario negro al igual que su padre, interpretó un encore: el Adagio en sol mayor de Johann Sebastian Bach, del que manifestó posteriormente su gran apego y estudio de su obra. La próxima semana estará en Alemania para continuar con su formación profesional.


Edición: Emilio Gómez


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