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Fiestas de guardar

Pensar en el sentido profundo de las tradiciones
Foto: Gerardo Jaso

En estos días de paz y tranquilidad, en el proceso de recuperar el aliento después del maravilloso tsunami llamado FILEY, en plena digestión de lo vivido en esos días tan intensos, llegando a las fiestas anuales de los calendarios, patrióticos y religiosos, recordé lo que solía representar la Cuaresma y Semana Santa en la vida familiar y de vecinos de la comunidad. 

En aquellos tiempos, previo a la Semana Mayor,  el Carnaval que deriva de la expresión latina “Carne-vale”, que viene a significar “adiós a la carne”, una despedida de los placeres, arrasaba la ciudad convirtiendo a Montejo en una cantina, con puestos en cada esquina y bocinas gigantes para capturar la atención; carros alegóricos que me llenaban de preguntas, como aquel año en el que  le dieron uno al actor que representaba al Señor de los cielos y que me hizo preguntarme si los organizadores no midieron las consecuencias de si le estaban dando reconocimiento al actor o ensalzando al personaje alimentando el deseo de los jóvenes de emularlo.

El Papa actual y el anterior han dicho infinidad de veces que no es necesario guardar vigilia, que, en lugar de eso, la generosidad al hermano necesitado tiene mucho más valor. Pero a hay gente aún que prefiere comer camarones a tomar conciencia de las necesidades ajenas.

La llegada del miércoles de ceniza nos avisaba, la importancia de dejar a un lado los placeres de la carne, para entrar a la cuaresma para limpiar el alma.

Con el paso de los años caí en cuenta de que hay personas que se quedan atoradas en el Viernes Santo, luego comprendí que es mucho más fácil quedarse con la culpa, dándose golpes de pecho, que llegar al Domingo de Pascua con la consigna: “Ve y dile a tu hermano que he resucitado”. 

Ahora, la gente espera las vacaciones de Semana Santa y la de Pascua para volar destapados a la playa. Lo ideal sería darnos el tiempo de reflexionar nuestras coherencias, pero, me temo que cada vez cuesta más trabajo pensar; es complicado. Sobre todo, para los jóvenes, a quienes la IA les está solucionando ese trabajo e incluso con asesoría sobre las relaciones amorosas. Cuesta investigar, reflexionar, proponer y todo lo que tenga que ver con el esfuerzo que realicemos para fortalecer el cerebro que nos permitirá, ensanchar su horizonte analítico y crítico, que nos invitará a nunca dejar de preguntarnos y crecer; vemos a nuestro alrededor que la IA, por mucho que nos solucione problemas, también nos atrapa en la tentación caer en la trampa del “menor esfuerzo”,  y tiraremos la toalla al primer reto, en lugar de trabajar por alimentar y ejercitar la IP, inteligencia personal.

Esto por el lado religioso, pero lo mismo sucede el 15 de septiembre, donde el pozole, invade las cocinas, mientras los señores, preparan su barra libre para los compadres y todos, independientemente del estado en el que nos encontremos, vestiremos de charros y adelitas, y entre canciones rancheras y corridos, esperaremos con paciencia que den el grito en el Palacio, para poder gritar desde el fondo del corazón… “¡Viva México… hijos del maíz”! 

Por eso cada año me pregunto si algún día, dejaremos de ponernos “hasta atrás”, y daremos un paso al frente para comprometernos con México. En lugar de gritar y gastar nuestro dinero en cohetes que lastiman los oídos sensibles de las mascotas y de los niños con autismo. La verdad es que sería una oportunidad para enseñarle a nuestros hijos Cielito lindo, El rancho grande, La Bamba… bambucos, canciones que solíamos cantar como parte de nuestra identidad.

Navidad es la misma historia. Cambiamos al Niño que nació en Belén, por un gordito muy bien diseñado, mientras la mercadotecnia nos llena la cabeza de ilusiones que se transformaran en frustración. Regalamos presionados por la costumbre, dinero que no sobra, por lo que empeñamos lo que no tenemos y recibimos a cambio lo que no sabemos dónde poner, para iniciar el año nuevo con una resaca enorme. 

Toca conectar la de pensar. Afinar el botón de la conciencia para evitar dejarnos llevar, y elegir cómo vivir esas fiestas de guardar que se manifiestan en nuestros calendarios. Yo, por lo pronto, elijo vivir plenamente la conciencia de resucitar a la mujer libre y me dispongo ir a compartir la buena nueva con mis hermanos.

@mrobleda

Lea, de la misma autora: Nostalgias y novedades

Edición: Fernando Sierra


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