Opinión
Francisco J. Rosado May
13/04/2026 | Chetumal, Quintana Roo
Para celebrar el 20 de marzo, Día Internacional de la Felicidad, se publicó el Reporte 2026 de Felicidad en el Mundo. Este reporte es publicado por el Centro de Investigaciones sobre el Bienestar de la Universidad de Oxford, con la participación de Gallup, la Red de Soluciones sobre Desarrollo Sostenible de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y un comité editorial independiente.
Finlandia encabeza la lista como el país con el mayor índice de felicidad. Costa Rica se ubica en cuarto lugar.
México descendió dos lugares, ubicándose en el lugar 12; nada mal. Los parámetros que se miden son calidad de vida, apoyo social, estabilidad económica y confianza en las instituciones.
Algunos de los países con el menor índice de felicidad son Afganistán (último lugar), Tanzania, Egipto, República Democrática del Congo, Líbano y Yemen.
Cinco días después, el 25 de marzo, se presentó en París el informe del Monitoreo Global de la Educación de la UNESCO, mostrando el estado de las cosas para saber qué se debe atender, una hoja de ruta para educación, ciencia, cultura, innovación e información con impacto social, para cumplir con las metas establecidas para el 2030 con respecto al desarrollo sostenible.
En términos generales, la Unesco calificó a México “sin progreso”. Entre los datos importantes se encuentra un retroceso en lectura entre estudiantes de segundo y tercero de primaria (cayó del 67 al 63 por ciento); el abandono escolar se sitúa alrededor del 7 por ciento en secundaria y del 26 por ciento en media superior y superior. Siete de cada 10 escuelas primarias carecen de internet y equipos de cómputo; en materia de gasto por estudiante, México no presenta datos favorables. O sea, tenemos que ponernos a trabajar mejor en materia de educación. Quizá el problema está en la forma de pensamiento, en la lógica que guía la política pública. Hay que pensar diferente.
Poco después, el 2 de abril, se dio a conocer el informe de evaluación que hizo un comité de la ONU sobre la crisis de desapariciones en México, mismo que ha propiciado aclaraciones del gobierno. El punto es que el tema de las desapariciones, de lo cual Quintana Roo no es ajeno, debe ser visible, entenderse y atenderse en forma más eficaz.
Más recientemente, el 9 de abril, el diputado local José Luis Pech Várguez presentó ante el Congreso del estado una iniciativa de reforma constitucional para garantizar mayores ingresos presupuestales para la Universidad Autónoma de Quintana Roo. El argumento principal fue que su partido considera que la educación en general y la formación universitaria explican el éxito de los países.
El argumento es entendible y se comparte, pero ¿por qué considerar solo a la Universidad Autónoma de Quintana Roo para el aumento presupuestal? Algo no suena bien; incluso si sumamos los votos de todos los jóvenes universitarios a nivel estatal, las demás instituciones de educación superior podrían sumar más votos que solo los de esa institución.
El 8 de abril, el Senado de México aprobó, con 84 votos a favor y 28 en contra, la Ley para el Fomento de la Inversión en Infraestructura Estratégica para el Desarrollo con Bienestar, la cual permite utilizar hasta el 30 por ceinto de los recursos de las Afores para tal fin. No hubo discusión social, no se preguntó a los dueños de los recursos que están ahorrando para su retiro. No se hizo consulta a los indígenas para el uso de sus recursos financieros ahorrados. Muchos no estamos de acuerdo.
Felicidad con contradicciones.
Es cuanto.
Edición: Estefanía Cardeña