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Sólo cayó un vicioso…

Noticias de otros tiempos
Foto: Wikimedia Commons

Desde que se divulgan las noticias, el relato de los hechos activa un mecanismo en el cerebro que lleva a hacer preguntas. La curiosidad es natural en el ser humano, pero existen ocasiones en las que, más que inquirir acerca de lo que ocurrió después, los cuestionamientos se dirigen hacia el destino de personajes aparentemente secundarios o si el acontecimiento narrado es lo contrario de lo que se quiere dar a entender; una ironía finísima.

La prensa de hace 100 años es pródiga en estos ejemplos. Y debe aclararse que no es porque existiera censura previa, sino que el ejercicio del periodismo solía crear verdaderos maestros del lenguaje.

Precisamente en El Correo, en su entrega correspondiente al 21 de febrero de 1920, encontramos un ejemplo pequeño, de unos cuantos párrafos; lo que en el diarismo se conoce como una “agenda”. Es decir, una nota que apenas ocupa la mitad, o menos, de una columna. La brevedad, sin embargo, no impide un cabeceo generoso y un sumario. Así, bajo el título “Fumadores de opio sorprendidos por la Policía infraganti” y un subtítulo o sumario que indica “Pipas, Lámparas, Opio y ‘soñadores celestiales’ conducidos al vivac”, hallamos un episodio con muchas lecturas posibles.

En apariencia, la nota da cuenta de un triunfo de Juan Ojeda, comisario de la cuarta Demarcación, quien “tuvo conocimiento que en el suburbio de ‘Allende’ existía un garito de chinos, que se encontraba situado en la calle 70 número 476”. Para quienes se consideren legos en la poco popular nomenclatura de Mérida, Yucatán, esto es el barrio de Santiago.

La nota continúa refiriendo que Ojeda, “en compañía de varios agentes especiales, se puso en acecho y cuando creyó conveniente, dieron el golpe, en los precisos momentos que un grupo de chinos ‘vacilaban’ con sus pipas en las manos”. Cosa curiosa: no hay indicios de que existiera una orden de cateo y menos de aprehensión, así que estaríamos ante una violación a una de las garantías constitucionales; pero supongamos que existían suficientes indicios de flagrancia y prosigamos con la noticia.

Aquí la acción cambia y el sujeto son los chinos: “Al darse cuenta de que habían sido descubiertos, corrieron hacia el interior de las habitaciones, logrando fugarse por una puerta secreta. Sólo se pudo detener a uno de ellos, quien responde al nombre de Julio Marín”. ¡Ah, caray! ¿Varios agentes especiales y apenas arrestaron a uno? La persecución debió ser muy parecida a las películas de Mack Sennet, en las que los policías salían muy mal librados. Y eso que los chinos ya estaban “vacilados”.

Lo que sí recogieron los agentes fueron “varias pipas, opio en pasta y en líquido, lámparas y otros muchos objetos que les sirve para fumar opio, todo lo cual fue trasladado a la Inspección General de Policía”. Y en cuanto al único arrestado, “fue castigado con quince días de arresto en la Penitenciaría Juárez”.
El remate de la nota es una felicitación que, dados los resultados, resulta extraña: “Bien por la Policía y que siga restringiendo los vicios y clausurando los asquerosos antros en que se encenegan los que tienen tan feas pasiones”.

Ahora, hay que tener en cuenta otra cuestión de la época: los chinos no eran precisamente la comunidad migrante más popular en el país. Apenas en 1911, más de 300 “celestiales” fueron masacrados en Torreón, en uno de los episodios más oscuros de la Revolución Mexicana. En Yucatán, esta comunidad estuvo sumamente vigilada, con todo y a que a ellos les debemos la introducción de varias hortalizas a los cultivos de traspatio y algunos de sus negocios, como lavanderías, fueron reconocidos por la calidad de su trabajo. 

La sociedad yucateca de entonces, y por supuesto, la prensa de la época, se enfocó en lo que consideró “pasiones” y, por tanto, elementos que no debían incorporarse a la cultura local, precisamente el consumo de opio y otro vicio: el juego. Sin duda, el fenómeno actual de la ludopatía en la entidad no está relacionado con los chinos de entonces, pero tampoco era algo que se quisiera fomentar entonces.

Qué otras fortunas se hicieron gracias a los juegos de azar, aprovechándose de los chinos y otras personas, eso es materia de otras notas, y otros tiempos.





Edición: Estefanía Cardeña



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