Opinión
Cristóbal León Campos
14/05/2026 | Mérida, Yucatán
A las y los docentes en su día
La educación es un movimiento constante de transformación, una labor creativa que va más allá del aula y se inserta en la comunidad, efectuada por sujetos sociales cuya visibilidad y dignidad debe ser respetada y valorada, como un acto humano, pero también como una apuesta política de reconocimiento, pues son las y los docentes quienes siembran las semillas humanas que cosechamos como sociedad años después.
La propuesta presentada por la Nueva Escuela Mexicana (NEM) es un llamado a formar nuevos sujetos sociales y a transformar el ámbito educativo, partiendo de un ejercicio de lectura y reinterpretación de la realidad, para que desde esa misma realidad pensemos en colectivo qué hacer y cómo hacerlo, en un ejercicio de construcción dialógica de nuevos horizontes pedagógicos y sociales.
La NEM es una propuesta de ruptura paradigmática que nos da la posibilidad de repensar la función de la educación y reflexionar sobre nuestro quehacer pedagógico, pero sobre todo sobre el impacto de la labor docente en la sociedad actual. Esta ruptura no surge de la nada, sino que es planteada a partir de las bases epidemiológicas del sur y de las pedagogías decoloniales y críticas, entre otras, las cuales proponen una nueva mirada a la educación, pero ahora partiendo de la comunidad, del contexto, ubicando así al aula y la escuela como una parte de esa realidad comunitaria, pero ya no como el centro (eurocentrismo), más bien como un elemento más de lo que se llamó algún tiempo como periferia, y dicho de forma más actual, como parte del Sur Global.
La mirada que la NEM sugiere es el reconocimiento de nosotros; primero como sujetos sociales, individuales y colectivos, capaces de hacer historia desde la conciencia, y ya no únicamente como seres repetidores del acontecer objetivado. Y segundo, se propone otorgar, nuevamente, a las y los docentes el derecho de ser sujetos, cuya labor trasciende la mecanización alienada de la educación tradicional, neoliberal y/o “bancaria”, como Paulo Freire la caracteriza. Y para ello la NEM considera como elementos indispensables para que el cambio de paradigma sea posible al menos tres elementos: la contextualización, la lectura de la realidad y el codiseño.
El primer paso natural es la contextualización, saber dónde estamos parados. En un segundo momento, preguntarnos: ¿cuáles son las características del contexto en el que realizamos nuestra práctica docente y cuáles son los elementos socioculturales, políticos y económicos presentes en nuestro contexto? Nombrar esos elementos contextuales es un avance, pues ya se ha dicho que lo que no se nombra no existe.
Y aquí es donde toma relevancia la propuesta de Paulo Freire de la lectura de la realidad como el acto fundacional de una nueva pedagogía, pero la lectura debe ser profunda, no quedarnos en lo superficial, sino encontrar las razones de las situaciones. Esta lectura de la realidad es un cuestionamiento a las estructuras de poder político y económico, y también es un análisis de las formas culturales y sociales en que se manifiestan y se reproducen esas estructuras.
Se trata de cuestionarlo todo, para repensarlo todo… y así reconstruir la educación desde una mirada comunitaria y social, reconociendo a las y los sujetos que la integran como seres poseedores de saberes, creadores de sus propias realidades y, por lo tanto, capaces de transformar esa realidad. De esta forma, nos situamos ante la ecología de saberes e interculturalidad. Y si hemos logrado una lectura de la realidad, ahora nos toca retornar al proceso formativo, y para ello debemos cuestionarnos si el currículo que implementamos es o no el adecuado; dando lugar al codiseño. La NEM pone al codiseño como un eje que articula al contexto, sus características y elementos, con las necesidades de la comunidad educativa; ahí surge la problematización, y nace el gran reto: ¿hacemos lo mismo o innovamos para así transformar la educación?
Y es que una vez que reconocemos que el contexto actual que vimos en el mundo necesita de docentes comprometidos con la educación y la sociedad, la apuesta nos pone en la disyuntiva de generar una propuesta humanista ante el complejo acontecer que amenaza el bienestar social, y las y los docentes como sujetos creadores y transformadores conscientes, tienen un papel fundamental en la edificación de un mundo más humano.
Edición: Estefanía Cardeña