Opinión
Leobardo Cox Tec
18/05/2026 | Mérida, Yucatán
Para Leydi (†) y Pablo (†), mis amorosos abuelos nacidos en Tajche’
Tahdzibichén es un pequeño pueblo maya perteneciente a Yaxcabá. Ha sabido resistir diferentes procesos sociales y proteger sus tradiciones. En los documentos antiguos y en la prensa de principios del siglo XX su nombre aparece escrito indistintamente como Tacchebilchén o Tacchibichén y entre los locales se sigue nombrando de esta forma. La ortografía de su nombre fue cambiada después de 1925, lo que ha generado que en ocasiones el pueblo sea confundido con la hacienda San Antonio Tahdzibichén ubicada al sur de Mérida.
Su nombre original, dicen los abuelos, fue Tajche’ que significa “antorcha”, pues usaban estas herramientas a diario para descender y extraer agua del cenote que se encuentra debajo del parque principal. En lengua maya aún se usa este diminutivo para referirse al pueblo. Para 1910, Manuel Rejón García describe que proviene de Tac-ché-bil-chchén y significa “pozo que debe ser acuñado”. Por otro lado, una interpretación moderna sugiere que su nombre podría significar “escritura estampada del pozo” o “apalancar (¿piedras?) en el pozo”. Debió ser fundado a mediados del siglo XVI, pues no está consignado en los pueblos que existían al momento del contacto con los españoles. Peter Gerhard sugiere que originalmente pertenecía a la encomienda de Mopilá y que a finales del siglo XVII fue reasignado a Tixcacaltuyub que se erigió como parroquia en 1686.
Foto: Leobardo Cox Tec
Posee una imponente iglesia conocida actualmente como la Capilla de la Santa Cruz de Ébano. Manuel Arturo Román Kalish apunta que la capilla primitiva fue erigida alrededor del año 1590, mientras que Miguel Bretos señala que el templo actual data de 1753 y fue edificado bajo la administración del cura Gregorio Alpharo. La fachada de la iglesia ostenta un hermoso escudo de piedra del obispo fray Francisco de San Buenaventura Martínez de Tejada y Díez, quien apoyó la construcción en 1747. Este fraile es el mismo que mandó construir la iglesia de Tetiz y quien ayudó a la consolidación del culto de la Virgen de aquel lugar. Sabemos que la iglesia contaba con retablos de madera que en 1755 fueron mandados a dorar por el cura Matías Cámara y se perdieron en distintos enfrentamientos.
Devoción a la Santa Cruz
De acuerdo con Diego López de Cogolludo el conjunto religioso de Tacchibichén tuvo como titular original a la Exaltación de la Santa Cruz. Podemos suponer que el culto a la cruz en la región es antiguo. Para el año 1782 se reporta una Cofradía en Kancabdzonot que poseía tierras realengas y algunas reses y fue fundada por los encomenderos y el cura de Mopilá y Tacchibichén. Kancabdzonot siempre ha sido el principal santuario de la Cruz en la zona por lo que la cofradía seguramente estaba dedicada a ella, además, sabemos que en Mopilá también existió una devoción importante por ella. La Cruz de Mopilá se encuentra resguardada en la iglesia de Yaxcabá.
Foto: Leobardo Cox Tec
La tradición cuenta que la Cruz de Tahdzibichén era originalmente verde y de gran tamaño, a semejanza de la de Kancabdzonot. Se dice que en medio de conflictos violentos entre mediados del siglo XIX y principios del siglo XX la iglesia del pueblo fue saqueada y sus altares y retablos fueron destruidos. Un gran incendio ocasionó daños a la cruz: aunque su base permaneció intacta, el cuerpo del crucifijo se quemó; algunas partes se carbonizaron y se ennegreció completamente. Es por eso que el tamaño de la cruz actual no corresponde al de su base. La gente del pueblo decidió intervenir la cruz quemada reduciendo el tamaño de su cuerpo y pintándola de negro como recordatorio de su milagrosa conservación. Entonces, escribieron en sus brazos su nuevo título: “Santa Cruz de Ébano Exaltación”, leyenda que aún puede leerse en la parte superior de la imagen. Se dice que aquel prodigio ocurrió un 14 de abril y por ello su fiesta principal es ese día.
La señora María Elidia Tec Albornoz, rezadora afamada de Tahdzibichén, comenta que sus abuelos le contaron que hace más de 150 años existía una cruz proveniente de Tixméhuac a la cual traían en calidad de préstamo para hacerle sus novenarios y que fue hasta la invención de la Santa Cruz de Ébano que dejó de trasladarse a Tahdzibichén, probablemente se trate de la Cruz de Popox, imagen peregrina que recorre muchos pueblos cercanos, siendo el principal Tixméhuac. Además, entre los devotos actuales más grandes de la Santa Cruz Verde de Kancabdzonot existen familias de Tixméhuac como los Yah, los Sel y los Huh, que cada año sin falta le donan sudarios, alhajas y flores. Alguna relación estrecha debe existir entre los crucifijos de estos pueblos, hace falta profundizar en el asunto.
La comunidad bautizó la imagen como la Santa Cruz de Ébano por su negritud y no necesariamente por estar elaborada de aquella madera preciosa. Los vecinos la consideran guardiana de las milpas y su protectora contra incendios, plagas y malos vientos. Cuando la sequía amenazaba los cultivos la sacaban en procesión y siempre recibieron respuesta favorable. Aunque la Cruz de Ébano no es una advocación universalmente reconocida en la liturgia oficial, su madera negra representa la solemnidad, el dolor de la pasión y la muerte de Cristo, por lo que se vuelve una imagen importante.
Foto: Leobardo Cox Tec
Este santo negro es célebre entre los jmeeno’ob o sacerdotes mayas de la zona: el sociólogo Michel Boccara recopiló algunas invocaciones del “Canto del balché” que se recitan durante el ritual de petición de lluvias o Ch’a’ Cháak donde se invoca al crucifijo negro de Tahdzibichén. Comparto un fragmento de la oración del jmeen Antonio Pacheco Tun grabada por Boccara en 1986:
“[…] Dama agua, Santa Cruz Ébano, la llamo con la boca desde el gran cielo, ¡pecadores! Arrodíllense diez veces […] Dama Virgen Ébano, asiento las santas primicias a mano derecha del altar. Padres Lluvia, a mano derecha del altar. Dios Verdadero, en el nombre de Dios Espíritu Santo […]”
La Santa Cruz de Ébano es un símbolo importante para Tahdzibichén, sostiene al pueblo entre lo terrenal y lo divino. En ella convergen las creencias cristianas y la cosmovisión maya. Entender a la Cruz es entender que en las tierras mayas la fe se vive de una manera única.
Edición: Fernando Sierra