Opinión
Cristina Rivera Garza
19/05/2026 | Ciudad de México
Fue ya hace años que la crítica Christina Sharpe, autora de ese libro fundamental sobre las posvidas de la esclavitud y las violencias racistas en el mundo de hoy – In the Wake: On Blackness and Being, del cual todavía no existe una traducción al español–, me invitó a participar en la Alchemy Lecture, una conferencia que organiza anualmente en la Universidad de York. El tema o la provocación –manifiestos para un futuro hermoso– se movía a contracorriente de un ánimo finimundista, atrapado por las más diversas narrativas apocalípticas, muchas de ellas patriarcales o simplemente masculinistas (Joanna Zylinska, Contra-apocalipsis feminista dixit), que insistían en presentar el futuro como un túnel sin luz, una destrucción inevitable y un asunto, a final de cuentas, ya cerrado. La invitación me llevó a aceptar el malestar que me causaba ese futuro sin escapatoria que los grandes conglomerados de la tecnología nos atestaban con todo descaro. Por eso escribí sobre el subjuntivo.
Muchos años de vivir en Estados Unidos y transitar entre el inglés y el español me han enseñado que las conjugaciones verbales vienen, como todo, informadas por historias culturales y posicionamientos políticos diversos, y que no son una cosa menor. El subjuntivo, que en español se utiliza tanto y tiene sus propias formas verbales aparte del indicativo, en inglés debe conformarse con emplear, en el presente, la forma base del verbo (sin incluir el “to” y omitiendo la “s” en la tercera persona) para existir, y el “were” en el pasado simple para indicar situaciones hipotéticas. La explicación es mucho más compleja, pero sólo anoto aquí la diferencia evidente para señalar que, con eso y todo, cierta poesía en inglés emplea el subjuntivo para complicar el pasado y el presente, y, sobre todo, lo por venir.
En mi intervención para la Alchemy Lecture insistí en que el subjuntivo sienta las bases para la irrupción, cómo se convierte en un pasadizo hacia lo inimaginable, llegando a ser el punto de fuga del futuro. Uno de los puntos de partida fue un poema de Ashley M. Jones, Vacaciones de verano en el subjuntivo, en el que la poeta laureada de Alabama empleaba este modo verbal para señalar una posibilidad y abrir espacio en el lenguaje para la instalación de otra realidad. Entre el “si fuera una mujer” con que abre el poema y el “si una mujer estuviera hecha de sol. / Si yo fuera el sol. / Si lo quemara todo a mi alrededor hasta que brillara hermoso y marrón”, algo pasa, y es la posibilidad abierta.
Publicado en marzo de 2026, If, el poema de largo aliento de Ghazal Mosadeq, utiliza el subjuntivo para revisitar la historia moderna de Irán desde el ángulo de la interrogación y la emergencia . Nacida en Teherán, pero deslizándose entre Inglaterra y Canadá, Ghazal es una poeta de múltiples lenguas y medios que también se ha dedicado a traducir y editar –a Pamenar, su editorial independiente, le debo algunos de los textos más fascinantes que he leído en los últimos tiempos. If se tiende entre 1906-1911, la época de la revolución constitucional, y 1953, el año del golpe de Estado que derrocó a Mohammad Mosaddeq, elegido democráticamente a su puesto. If acontece en el palacio de Golestán, bombardeado en fechas recientes por los ejércitos de Estados Unidos e Israel, y hace eco de las palabras de Mohammad-Taqí Bahar, el último poeta laureado de Teherán, quien, además de poseer un canario, tenía una calle en su nombre, también víctima de bombardeos implacables no hace mucho.
Pero en ese Si, sin acento, en ese si tentativo que señala potencias y abre puertas hacia lo desconocido, Ghazal Mosadeq escribe cosas de este tipo (la traducción al español es mía): “si el infame grupo de compinches / en el complejo de Golestán / en el este / fuera el último / en ver el pájaro volando desde Orsi / a través del humo / y pensara “ahí está Bahar” / y / “ahí está el canario” / pero / la revolución constitucionalista no iba a vivir lo suficiente / como para darnos cabida a todos”.
Y algo así: “Y si Bahar fuera / el nombre de una calle / solo en primavera”.
Y algo así: “Si tu pico se rompiera / por el impacto / si tan solo un pájaro deseara / que hubiese un poste / un alambre / donde posarse / pero si esa no fuera la solución / si la revolución fuera el único camino / no todos los pájaros / sobre los cables de alta tensión / miran hacia el mismo lado / excepto un pájaro / que piensa que todos los pájaros son equilibristas silenciosos”.
Edición: Ana Ordaz