Política
Normando Medina Castro
27/05/2026 | Chetumal, Quintana Roo
DECÍA VLADIMIR ILICH LENIN que "una revolución solo vale algo cuando es capaz de defenderse", no basta con alcanzar el poder, sino que se requiere estrategia, preparación y capacidad para resistir los embates de los desplazados del gobierno y proteger las conquistas de bienestar colectivo alcanzadas.
Son virulentas y peligrosas las resistencias a las transformaciones que afectan intereses muy fuertes, como lo son los de las minorías opulentas, que en el caso de México prevalecieron en los gobiernos del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y del Partido Acción Nacional (PAN) a lo largo de toda la etapa posterior a la Revolución Mexicana hasta el 2018, que mediante una insurrección pacífica, a través del voto aplastantemente mayoritario, fueron echados del poder.
Los primeros 70 años de gobierno del PRI en México tenían rasgos nacionalistas, algunos muy marcados, como el sexenio del general Lázaro Cárdenas, que expropió el petróleo que estaba en manos de empresas extranjeras, y el de Adolfo López Mateos, que nacionalizó la industria eléctrica. Los gobiernos neoliberales entregaron la riqueza nacional a unos cuantos empresarios mexicanos convertidos en multimillonarios y a grandes corporaciones extranjeras.
Las mayorías mexicanas fueron empobrecidas a niveles de un peligroso hartazgo que encontró cauce pacífico con Andrés Manuel López Obrador, que inició la difícil y complicada tarea de revertir el entreguismo a trasnacionales, sobre todo norteamericanas, y quitarle privilegios a los poderosos. Las presiones del gobierno norteamericano han sido permanentes para frenar acciones soberanistas de los gobiernos de López Obrador y el actual de la doctora Claudia Sheinbaum Pardo. Esas presiones han escalado a amenazas, incluso de intervención militar, con Donald Trump al frente, quien mantiene al mundo en vilo por su falta de frenos morales, y de mínimo aprecio a la vida y los derechos de los demás, incluso al interior de su país. El gobierno de Morena ha sido más que tolerante con sus opositores antinacionalistas que impunemente atacan a la presidenta Sheinbaum y a las instituciones, más allá del marco legal. La misma permisividad ha prevalecido al interior y los empoderados guindas carecen de congruencia con los principios de su movimiento y se convierten en otros lastres para el avance de la transformación. La defensa de lo logrado y el avance hacia lo proyectado requieren de más decisión y fortaleza. Los blandengues no pueden darle pertinencia a ninguna revolución. La dureza con apego a la ley y el respeto a los derechos humanos reales nunca sobra. Hacia dentro y hacia fuera.
En lo local
El compromiso con la honestidad, con la ética, no se ve ni se siente en ninguno de los tres poderes de Quintana Roo. Las inversiones millonarias en obras humildes mal ejecutadas son las que prevalecen, como lo evidencia con regularidad el activista chetumaleño Francisco Ortega. Las inconformidades y el repudio en los once municipios son inocultables. En contraste, la presencia de Rafael Marín en Quintana Roo, ya sin cargo oficial, dedicado a trabajar su aspiración a la candidatura de Morena, es catalizador de esperanza firme. Su visita a la dirigencia de su partido fue apropiada, institucional, cachetada con guante blanco. El apoyo genuino que recibe de la gente es apabullante. La nueva encomienda a Gino Segura en el Senado aclara el panorama, aún más. En fin, son cosas que pasan en nuestro país y en nuestro caribeño Estado.
¡HASTA LA PRÓXIMA!
Edición: Estefanía Cardeña