Opinión
La Jornada Maya
01/06/2026 | Mérida, Yucatán
La tensión entre la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) ha llegado a un punto en el que la negociación se impone. En principio, según han expresado las autoridades federales de Educación, varias de las demandas de esa agrupación sindical son inviables presupuestalmente.
También es cierto que el retorno a las aulas no se dará por la vía coercitiva, como intentó el alcalde de Mitla, Oaxaca, recurriendo a la represión y a las balas; aunque hayan sido tiros al aire, esta vía únicamente lleva a la deslegitimación de una autoridad que no tiene las facultades para servir de interlocutor como representante del Estado, pues si acaso le corresponde mantener abiertas las vías de acceso a las escuelas del municipio.
El movimiento magisterial, no obstante, ha mostrado habilidad para buscar aliados llamando a otros grupos inconformes, como los padres de los 43 estudiantes de la Normal de Ayotzinapa o los transportistas, aunque también es notorio que estos otros persiguen objetivos distintos; eso sí, sumamente politizados. Quedan ahora menos de nueve días para que el Gobierno Federal despliegue sus mejores habilidades de negociación.
La medida cuenta con el respaldo de la Coordinación Estatal de Protección Civil (Procivy) y el fin expreso es salvaguardar la integridad y bienestar de estudiantes, docentes, personal administrativo y familias. Sin embargo, resulta llamativo que el anuncio se haya hecho ante un fenómeno meteorológico atípico, pero no de la magnitud de un huracán. Lo que queda en entredicho es la capacidad de la infraestructura urbana para absorber la cantidad de agua que ha caído sobre el estado en las últimas 96 horas.
Resulta positivo que las autoridades llamen a la población a cuidarse ante las lluvias atípicas, y es entendible que en caso de emergencia y que sea necesario habilitar refugios, las escuelas se encuentren disponibles para recibir a quienes se encuentren en peligro. Sin embargo, lo cuestionable es que precisamente a Procivy le fallen las medidas preventivas ante las inundaciones que se han dado en toda la entidad, y que también falte el llamado a la ciudadanía a mantener limpias las rejillas de los pozos colectores, lo cual no puede dejarse solamente en manos de las instancias gubernamentales.
Eso sí, a estas alturas del ciclo escolar, queda pendiente evaluar si se habrán logrado las metas propuestas al inicio y cuál fue el aprovechamiento real del alumnado, ya que entre huelgas y lluvias, llegaremos al cierre sin clases continuas, lo que obligará a ajustes el próximo año.
Edición: Fernando Sierra