La última Encuesta Nacional sobre Discriminación (ENADIS 2022) arrojó datos importantes en torno a la población indígena de nuestro país. En primera instancia, destacamos que en México 71.5 por ciento de la población indígena de 12 años y más —a continuación, solamente población indígena— está de acuerdo en que las personas indígenas son poco valoradas por la mayoría de la gente.
El 28 por ciento declaró haber sido discriminada en los últimos 12 meses, principalmente por ser persona indígena o afrodescendiente; por la forma de vestir, la apariencia física, la manera de hablar, el peso y la estatura. Por último, la ENADIS estima que 92.6 por ciento de la población indígena, a la que le fue negado alguno de sus derechos de manera injustificada en los últimos cinco años, no lo informó ante una autoridad o instancia pertinente (43 por ciento cree que sería una pérdida de tiempo o no le harían caso). Y eso que aquí no se incluyen las discriminaciones asociadas al género, edad, o alguna discapacidad.
El largo devenir violento de las instituciones coloniales y del Estado mexicano con los pueblos indígenas explicaría las mellas dejadas sobre cuerpos y formas de vivir, pensar, sentir, hablar, habitar de los pueblos originarios, pero para nada debería ser algo que se normalice y siga sucediendo.
Se muestra en los resultados de la encuesta un contraste entre cómo las personas indígenas sufren discriminaciones, mientras que prácticas y productos culturales, incluyendo las que consumidores externos consignan como parte de ellas son motivo de orgullo. Aunque se trate de un orgullo que, junto con los objetos culturales, prontamente se instrumentaliza, purifica, domestica y abusa.
Sólo por poner un ejemplo. En las vísperas de la justa mundialista que acontecerá en nuestro país, Estados Unidos y Canadá, Adidas lanzó una edición especial del uniforme de la selección mexicana, en el que trabajaron bordadoras de Naupan, Puebla. Se puede leer en la cuenta de Instagram adidasmx: “en cada puntada. Orgullo en cada hilo. ¡Somos México! Consigue tu jersey ahora”. Frase que va acompañada de imágenes de las creadoras con la ropa deportiva.
Detrás de la situación ha comenzado a salir información en torno al pago injusto y la apropiación simbólica generada. Respecto a lo primero, circulan noticias de que se les pagó 36 pesos por hora de trabajo, con promesa de un seguro médico que aparentemente nunca se cumplió. Respecto del segundo, la lingüista y diseñadora Tatiana Bernaldez aseguró en su cuenta de Instagram lo siguiente: “¡No se dejen engañar! Las bordadoras de Naupan (supuestamente contratadas por ADIDAS) solamente rellenaron los logotipos con técnicas que no son originarias de Naupan. ¡Y además no les pagan lo Justo! Encima están haciendo una mala difusión de la simbología textil”.
Acercando la mirada a Yucatán, la ENADIS reportó que 5.17 por ciento de la población yucateca de 18 años y más fue discriminada por ser indígena, posicionado a Yucatán como primer lugar en este rubro. El contraste arriba señalado se repite: al mismo tiempo que se discrimina a las personas, ciertos productos culturales y sentimientos de orgullo son promovidos como bienes valiosos de conocer, poseer y comercializar: comida, vestigios arqueológicos, prácticas agroecológicas, textiles y demás.
La población indígena es sometida a una suerte de purificación en la que se toman sólo ciertos aspectos, prácticas y materialidades que pueden circular dentro de las economías culturales hegemónicas e institucionalizadas, donde no importan las personas que los producen. Esta lógica la podemos observar en la negación de que las comunidades mayas intervengan en la administración de los sitios arqueológicos, en el mercado turístico peninsular, y demás iniciativas que piensan un territorio maya sin los mayas que lo habitan.
Si bien no es el objetivo del presente texto, no quisieramos concluir sin señalar, que ante estas situaciones son las mismas poblaciones originarias quienes activan procesos de reivindicación de sus formas de vida, reconocimiento y respeto a sus derechos y capacidades organizativas en los muy distintos ámbitos que les atraviesan.
Edición: Fernando Sierra