Al sur del anillo de periférico de Mérida, Yucatán, se encuentra la Reserva Ecológica Cuxtal, que constituye el principal pulmón verde de la ciudad y cuenta con el título de área natural protegida desde 1993. Esta reserva abarca un territorio de 10,757 hectáreas (Ha.), y aloja 8 comisarías de la ciudad (Xmatkuil, Dzununcán, Tahdzibichen, Hunxectaman, San Pedro Chimay, San Ignacio Tesip, Molas y Dzoyaxché).
A su vez, corresponde a una fuente hídrica esencial para Mérida, ya que abastece mediante bombeo una buena parte del agua que se consume, especialmente en la zona sur. Sin embargo, de proveer la mitad del vital líquido hace 2 años, en la actualidad el abastecimiento se ha reducido a la tercera parte.
Según el artículo 2 de la Ley General de Equilibrio Ecológico y Protección al Medio Ambiente [LGEEPA], la cobertura vegetal de una reserva natural tiene que ser preservada y protegida. Sin embargo, García-Gil y colaboradores (2020) encontraron en Cuxtal pérdidas de la cobertura vegetal de 34.2 por ciento, dicho de otra forma, se cortaron cerca de 3 mil 687 hectáreas de plantas cortas, mostrando un preocupante crecimiento de 1,141 hectáreas de zona urbana (10.59 por ciento) donde están presentes nuevos desarrollos inmobiliarios, lo cual constituye un grave incumplimiento de la ley.
Esta reserva ecológica no solo es proveedora de agua, sino que posee una importante biodiversidad, al albergar más de 800 especies de plantas y animales. También suministra a los meridanos diferentes servicios socioambientales al permitir la captación de carbono, ser amortiguador de desastres naturales, proveer productos agropecuarios y servicios recreativos, así como albergar diversas haciendas henequeneras y patrimonio arqueológico maya.
Sin embargo, día a día Cuxtal disminuye su capacidad de filtrar agua al dejar de contar con vegetación, provocando que las distintas especies fallezcan y se reduzcan; al mismo tiempo de reducir los beneficios a la población humana.
La reserva está amenazada por diversas causas. La primera y más visible es el crecimiento acelerado y sin control que experimenta Mérida y que avanza a pasos agigantados hacia las zonas periurbanas reduciendo y devastando los cordones verdes de la ciudad.
La segunda está relacionada con la vulnerabilidad de las poblaciones asentadas dentro de Cuxtal. Alrededor de sus 28 mil habitantes vive en un grado de marginación alto, con un analfabetismo entre 10 por ciento y 24 por ciento a partir de los 15 años. Además, muchas viviendas no tienen servicios básicos, incluyendo, irónicamente la falta de agua (Hernández Cuevas, 2019). A esto se suma que muchas personas se ven en la necesidad de emplearse en la zona urbana, convirtiendo la reserva en una “ciudad dormitorio”.
Una tercera causa está relacionada con la falta de educación ambiental, lo que implica desconocimiento de la ciudadanía e incluso de muchos de sus habitantes, sobre la importancia socioecológica de este territorio y la necesidad de que como meridanos tengamos una participación más activa en su cuidado. También redunda en un manejo inadecuado de los residuos sólidos y la existencia de basureros a cielo abierto.
Pero ¿cómo se gestiona la reserva y quién puede evitar que este ecosistema se siga fragmentando? La gobernanza de Cuxtal está a cargo de un organismo público municipal descentralizado (OPMD) del Ayuntamiento de Mérida que se rige por una junta de gobierno intersectorial, donde intervienen representantes de gobierno de los tres niveles, sector científico, civil, ciudadanos y habitantes de las diferentes comisarías. Este OPMD tiene una sede de capacitación y educación ambiental en Molas y genera diferentes estrategias de conservación de la biodiversidad y desarrollo sociocultural.
Sin embargo, la preservación ecológica solo puede lograrse con una mayor participación de diferentes grupos sociales en las estrategias trazadas. Entre las acciones que desde la ciudadanía se pueden ejercer, están la vigilancia y pronunciamiento ante la instalación de proyectos de construcción; visitar las diversas comunidades y lugares que integran la reserva, optando por los diferentes recorridos y servicios turísticos que brindan los lugareños; y, la compra de productos agroecológicos producidos por sus pobladores. La sostenibilidad de Cuxtal y por ende de Mérida, depende de una gobernanza más participativa en la que la cada iniciativa hace la diferencia.