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Foto: FB ENES Unidad Mérida UNAM

Bertha Hernández Aguilar y Malena Oliva 

La ciudad de Mérida ha sufrido una transformación urbana en los últimos años que ha impactado en la diversidad biológica y ecológica del territorio en especial de aquellos territorios que alguna vez fueron “monte”. La transformación urbana en la ciudad derivada del cambio de uso de suelo, las grandes obras del tren maya y la llegada de industrias inmobiliarias, turísticas y cerveceras amenazan el futuro de los recursos naturales y de la gente. A nivel  institucional y comunitario las principales preocupaciones ambientales se enfocan en temas relacionados con el agua y la transformación de ecosistemas dada la fragmentación ecológica que existe sobre el territorio. Estos retos requieren estrategias  de gobernanza ambiental que no dependan únicamente del gobierno, sino de alianzas con sociedad civil, universidades, empresas y cooperación internacional. 

Las discusiones sobre los problemas ambientales no sólo se centran en los indicadores de la pérdida de cobertura vegetal, árboles o biodiversidad, sino que son discusiones que reclaman mejoras en la calidad ambiental y que enfatizan el derecho humano a un medio ambiente sano, o como lo menciona el ODS 11, construir ciudades y comunidades resilientes y sostenibles. Esto implica que la participación de la sociedad es clave y que estrategias como el monitoreo comunitario pueden ayudar a reforzar los esfuerzos para transitar a una gestión sostenible de los recursos naturales. 

En la UNAM, los esfuerzos por la vigilancia ambiental son significativos; particularmente en el Instituto de Ecología, unidad Mérida, se evalúan los impactos ambientales en el territorio a través del monitoreo comunitario de la biodiversidad y el monitoreo participativo del agua. Estos esfuerzos muestran cómo la vigilancia ecológica ha dejado de entenderse únicamente como una tarea técnica de medición para convertirse en un proceso de construcción colectiva con aquellos directamente relacionados a los recursos naturales en cuestión. Los esfuerzos orientados al monitoreo de la biodiversidad y del agua muestran que observar el territorio no es solo registrar datos, sino también generar capacidades para interpretarlos, discutirlos y traducirlos en decisiones públicas y comunitarias. Estas estrategias permiten identificar especies clave en peligro, hábitats alterados, cambios en los volúmenes de agua y en general, señales tempranas de deterioro ambiental en contextos donde la variabilidad climática genera incertidumbre. 

Un rasgo central de estas experiencias de monitoreo es su carácter participativo. Por un lado, se apoya del uso de instrumentos especializados como sondas piezométricas, cámaras trampa, registros de campo estandarizados, GPS, sistemas de información geográfica y aplicaciones  móviles para el mapeo del territorio, capturando información precisa e in situ. Al mismo tiempo se promueve que las personas involucradas aprendan a usar esas herramientas, comprendan qué miden y cuál es la importancia de anticipar cambios. Así, el monitoreo deja de ser una práctica exclusiva de especialistas. Por el contrario, permite fortalecer el vínculo de la población con su territorio al reconocer las especies de animales (como venado, pavo de monte, ocelote, tejón, puerco de monte, entre otros) presentes en él, y revalorizar el vínculo cultural que existe con  la  naturaleza y el agua. La información proveniente del monitoreo participativo y comunitario sirve para procesos de defensa del territorio y para la toma de decisiones informadas, crucial ante las amenazas que la región enfrenta. 

La relevancia del monitoreo participativo radica en producir evidencia y en hacerlo de manera situada, con conocimiento científico y local, cuando una comunidad participa en este tipo de estrategias, se desarrollan habilidades colectivas que permiten cuestionar cambios en el ambiente y participar con mayor legitimidad en procesos de gestión ambiental. Esto es importante en lugares como Yucatán donde la fragilidad ecosistémica y la variabilidad climática exigen respuestas inmediatas. Desde esta perspectiva, las estrategias de monitoreo participativo funcionan como una herramienta puente entre ciencia, gobernanza y acción colectiva.

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Edición: Fernando Sierra


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