Opinión
Bertha Hernández Aguilar y Ruth Cerezo-Mota
06/07/2026 | Mérida, Yucatán
La gobernanza es un proceso decisivo en la capacidad de las ciudades para prevenir, reducir y responder a riesgos de desastres.
El pasado viernes 29 de mayo del 2026, una lluvia extraordinaria puso a prueba la capacidad de la ciudad para enfrentar inundaciones con una lluvia atípica provocada, de acuerdo con los expertos, por la humedad acumulada en el suelo, por las abundantes lluvias del verano e invierno previos, y una onda del este que propició este evento extremo. Ello sumado a la falta de absorción del suelo por la pavimentación y la deforestación de árboles. Esta situación derivó en diversas afectaciones incluidas, afectaciones viales, inundaciones en viviendas del centro y otras partes de la ciudad, así como innumerables daños a vehículos públicos y privados.
Es por ello, que la gobernanza de una ciudad no sólo se trata de pensar en qué infraestructura o planes técnicos responden a las problemáticas inmediatas, sino de pensar y planear una ciudad a futuro con estrategias adaptadas a las condiciones particulares de cada ciudad. En el caso de Mérida, las inundaciones urbanas son situaciones recurrentes durante la temporada de lluvia, producto de patrones pluviales intensos, expansión urbana en zonas de alta susceptibilidad a inundaciones, drenaje insuficiente y los impactos del cambio climático. La gobernanza en la gestión del riesgo de desastre implica una integración de políticas de adaptación sostenible, creación de capacidades técnicas, financiamientos, coordinación interinstitucional y un elemento clave, la participación social.
El Instituto Municipal de Planeación (IMPLAN) desarrolló en el 2020 una propuesta para la implementación de sistemas urbanos de drenaje pluvial sostenible en Mérida, que incluye la creación de jardines de lluvia, los cuales son alternativas que pueden ayudar a reducir las inundaciones.
Estos sistemas, además de reducir las inundaciones, permiten que el agua de lluvia pase por un proceso de filtración (a través de un sistema especial de suelos) antes de escurrir al acuífero, reduciendo así la contaminación. Este tipo de estrategias permite transitar a nuevas formas de construir una ciudad con infraestructura más amigable con el ambiente y ajustar los esfuerzos técnicos a las condiciones biofísicas del sistema kárstico representativo de la región. Asimismo, permiten involucrar a los ciudadanos a través del codiseño de éstos y en la vigilancia y el cuidado de la vegetación, elementos clave para la reducción de las inundaciones.
Por otro lado, la única manera que, como ciudadanos, tenemos para reducir los riesgos de inundaciones, como las que se han experimentado en estas últimas semanas en Mérida, es plantar más árboles y generar y preservar áreas verdes que permitan la infiltración del agua de lluvia al acuífero. El concreto y la deforestación sobre nuestro sistema kárstico hacen más difícil el ciclo de infiltración del agua de lluvia, generando encharcamientos e inundaciones, lo que pone en riesgo nuestra seguridad hídrica.
En otras palabras, el agua de lluvia no tiene para dónde irse porque nuestra ciudad está cubierta de concreto, así que se acumula más agua y esto genera más inundaciones, en lugar de recargar el acuífero. La ciudad requiere de una gobernanza orientada a buscar soluciones integrales basadas en la ciencia y la participación social, que incorporen estrategias como infraestructura verde, drenaje urbano sostenible y la restauración de humedales urbanos que permitan una mejor absorción del agua al acuífero.
Invitamos a todos los ciudadanos, tomadores de decisiones y sector privado a reflexionar sobre el tipo de ciudad a la que aspiramos: una ciudad resiliente y sostenible, capaz de anticipar, recuperarse y enfrentar problemáticas socioambientales.
Edición: Ana Ordaz