Opinión
Margarita Robleda Moguel
26/07/2026 | Mérida, Yucatán
Los ojos curiosos, siempre descubren las curiosidades, los que no, no, diría Don Juanito y tiene razón. En esta embarcación que se ofreció como: "Alrededor del mundo", se ve de todo y hoy comparto miradas que llamaron mi atención.
¿A qué edad los mexicanos nos volvemos de la tercera edad? Según la ONU, a los 60, igual que en la mayoría de los países en desarrollo. Aunque creo que últimamente parece que tenemos la urgencia de envejecer para tener acceso a la credencial del bienestar. ¿Qué tanto junto a esta llega el convencimiento de hacernos viejos? ¿Será que además hay que parecerlo? ¡No sea que nos la quiten!
Aunque en los países desarrollados, se considera que la vejez empieza a los 65, en un estudio de Stanford, publicado en Nature Medicine propone que la vejez real empezaría recién a los 78 años, después de una etapa de "madurez tardía" de 60 a 78.
Si los ojos curiosos, siempre descubren curiosidades, en este recorrido náutico alrededor del mundo, me doy cuenta de que la juventud se sigue construyendo hasta el final.
La mayoría de los pasajeros del barco son de Australia y de Nueva Zelanda. A muchos se les mira de la tercera edad, cuarta y anexas. Usar bastón, silla de ruedas, o pata de palo no es una limitación para viajar. Aquí están y son los primeros que bajan a conocer lo que puedan.
Vergüenza siento al estar esperando el elevador en el piso 12 para ir a comer al 15, a sabiendas que no existe el piso 13, "por aquello de la mala suerte", mientras ellos suben y bajan escaleras y por eso después caminan con gran galanura y energía.
Siempre prometo intentarlo, pero creo que la tendencia natural que me educó: "Busca lo más fácil y cómodo, no lo mejor para ti", posterga cumplir la promesa. Ellos saben que viven solos o con otro de su edad, necesitan prolongar su fortaleza física lo más que puedan. Nunca es tarde para aprender, ¡ejem!
Segunda curiosidad:
Hace años, cuando recorríamos Inglaterra, el guía nos contó por qué manejan por la izquierda. Mencionó que algún gobernante, cuyo nombre he olvidado, se dio cuenta de que los que conducían los carruajes, lanzaban su látigo que fustigaba al transeúnte antes de llegar al caballo y decidió que, si conducían del lado izquierdo, el látigo se expandía por el derecho sin afectar a nadie. Nos contó que la propuesta tuvo tanto éxito que se expandió por toda Europa, solo que, en Francia, Napoleón se negó a aceptar como exitosa una medida propuesta por el enemigo, por lo que regresamos a circular por la derecha y esa medida llegó a America, donde los recién independizados, norteamericanos, eligieron el bando francés y nosotros los mexicanos, compramos nuestros primeros coches Ford, e iniciamos nuestra educación vial de esa manera. Se circula por la derecha: ¡punto!
A pesar de llevar varios cruceros, quizá porque este ha sido el más largo y percibo otras cosas o la mayoría de los pasajeros tienen entrenamiento inglés, comencé a captar miradas extrañadas por mi manera de conducirme. Yo camino, como lo he hecho toda mi vida y los que nos encontramos en los pasillos, no me han dicho nada, pero me doy cuenta de que no les encanta, pero yo, toda sonrisas, ya tomé la decisión: prefiero no cambiar para no acostumbrarme y cuando regrese a mi amada tierra ocasionar un caos vial.
Tercera curiosidad:
En el paseo de la ciudad de Halifax, Nova Escocia, Canadá, llegamos a un cementerio y la guía nos preguntó si sabíamos que teníamos conocidos enterrados en la ciudad.
Todos la miramos asombrados y después comenzó narrando cuando el domingo 14 de abril de 1912, a las 11:40pm el barco Titanic chocó con un iceberg en su traslado desde
Southampton, Inglaterra a Nueva York.
El barco que se encontraba a mil 100 km logro transmitir su SOS hasta Halifax, de donde salió la primera ayuda y hacia allá llevaron a las víctimas. Hoy, 150 de ellas están enterradas en el cementerio de Fairview Lawn, que es conocido como el cementerio del Titanic.
Descubrir curiosidades, mantiene vivo nuestro intelecto y nos invita a reescribir la vida.
Alguna vez escuche, que mi abuela Nela Casares y sus hermanos estuvieron a punto de embarcarse en el Titanic... Ella aún no se había casado, menos sido madre y jamás llegaría a ser abuela ni Uds. lectores de quien esto escribió. Curiosidades que tiene la vida.
Edición: Fernando Sierra