Opinión
Margarita Robleda Moguel
19/07/2026 | Mérida, Yucatán
Llevamos mes y medio de navegación y durante este tiempo trabajo con el material escrito y traspapelado, mis artículos semanales de La Jornada Maya y las crónicas con fotos que subo al Facebook que con frecuencia agradecen por sentir que viajan conmigo.
Así pues, hoy decidí escribirles a todos los niños y niñas que seguimos siendo niños, cosa que nos permite evadirnos de tanto desorden y evitar enfermarnos de impotencia, aunque sea un ratito.
Todos conocemos la historia de Juanito y los frijolitos mágicos; de cómo en la pobreza extrema, su mamá lo envió al pueblo a vender la única vaca que poseían; a Juanito lo convencen de cambiarla por un puñado de frijoles que según le dicen, son mágicos. ¿Recuerdas? Y después, al regreso de la plaza, la mamá enojadísima, arrojó los frijoles por la ventana y mandó a Juan a la cama sin cenar.
La historia nos cuenta que, durante la noche, crece un enorme árbol ahí donde la mamá arrojó los frijoles, mismo que Juanito al descubrir, trepa hasta llegar a las nubes donde encuentra el castillo de un gigante y etc., etc., etc. De esta aventura aérea, Juanito recibe como premio una gallina que pone huevos de oro y ... colorín colorado.
El cuento me gusta mucho, sobre todo la parte de los frijoles mágicos que crecen hasta el cielo; lo que no termina de convencerme, es el final. Me pregunto: qué sucedió con Juanito 20 años después. Posiblemente, con tanto oro, sin necesidad de trabajar, se transformó en todo un señor, don, gordo y aburrido; siempre de mal humor; bueno, tal vez esto lo pienso, porque a mí me encanta mi trabajo. No sabemos si la gallina vivió veinte años, si se murió de vieja o de nostalgia de las nubes y dejó suficientes huevos, o si alguien por equivocación o por maldad, la hizo caldo al día siguiente de la aventura, sin haber puesto más que el huevo de muestra.
Tampoco sabemos si Juanito con todo ese dinero, puso una fábrica de arpas y continuó curioso e inventando cosas. No me convence, yo le cambiaría el final; la ventaja de los cuentos es que son eso, cuentos, y podemos jugar con ellos.
Así que, comencemos con los cambios al momento en que a Juanita la mandan a la cama sin cenar. Un ruido enorme la despierta, se asoma por la ventana y un tronco muy ancho lleno de lunares de colores, tapa la vista; mira hacia arriba y no logra distinguir hasta dónde se pierden las ramas.
Juanita pega un brinco hasta agarrarse de una de ellas y desde ahí, comienza a subir y a subir, hasta toparse con una pared de serpentinas que con el viento suena como si tuviera cascabeles. Apenas la traspasa, éstas se vuelven hilos de agua verde que forman un arroyo donde retoza tranquilamente una ballena con plumas de pavo real en la cola, y cuyo chorro brota como un arco iris.
Juanita se talló los ojos y, al abrirlos, se topó con algo semejante al cuerpo de un elefante con patas de araña, tan largas, que se le enredaban en la cabeza, y que ella las vestía con calcetines de rayas y de bolitas.
Esa “cosa” ¿cómo podríamos llamarla? Saludó con un “miauuuu”que Juanita no supo responder. Miró a su izquierda y se topó con un mar de flores que bailaban graciosas movidas por el viento, aspiró su perfume, le pareció que tenía sabor de chocolate. ¡Hmm! Confundida se dio un mordisco en el cachete.
Inició el descenso, de pronto, Juanita se encontró en los aires, y cuando estaba a punto de estrellarse en el nido de una cigüeña... ¡despertó!
¡Uf! Todo había sido un sueño. Todo, menos el hambre que le hacía ruiditos en la panza. Se asomó por la ventana encontrando tan sólo, aquel puñado de frijoles que su mamá había arrojado. Aquella mañana, Juanita sorprendió a su mamá con unos frijoles deliciosos, con hojas de epazote y granitos de sal.
Y así, con el estómago lleno, rebozando de alegría, Juanita se dirigió al mercado del pueblo a buscar trabajo. Resulta que, al platicar su sueño, otras personas comenzaron a acercarse hasta rodearla y escuchar mejor; esa noche Juanita pudo llevar a su casa una bolsita de monedas.
Veinte años después, a Juana, la siguen llamando Juanita y es la “cuenta cuentos”, más esperada en las plazas de los pueblos por niños y grandes, que esperan con ansia escuchar, inventar y reinventar las historias sobre frijoles con magia de colores, ballenas con chorros de arco iris, de cómo recorren los océanos en canoas prestadas a los Polinesios y cruzan los bosques, en suspiros con alas.
Juanita es una mujer muy feliz.
Edición: Fernando Sierra