Opinión
La Jornada Maya
09/06/2026 | Mérida, Yucatán
A medida que se acerca la inauguración del Mundial de la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA), la percepción de que se tratará de una festividad deportiva en la que lo que menos importa será lo que ocurra en el terreno de juego va en aumento. Y sí, en cambio, es notorio que el evento es excluyente en extremo.
El mismo tiempo, la celebración se ha vuelto el escenario para la disputa por el espacio público, en la cual intervienen el Estado mexicano, la Coordinadora Nacional de los Trabajadores de la Educación (CNTE) junto con otros colectivos, y micro, pequeños y medianos empresarios que han resultado afectados tanto por las manifestaciones de los anteriores como por actos de las autoridades para delimitar los alcances de los denominados “fan fest”.
Así, a las escenas de comerciantes justamente enojados porque tras meses de obras de remodelación de las plazas públicas en cuyos alrededores tienen sus locales, ahora se encuentran detrás de vallas que impiden tanto la visibilidad de sus negocios como el paso del público hacia ellos. Así, han quedado fuera de la fiesta. A ellos hay que unir a todas las personas a las que el precio de un boleto disuadió completamente de intentar presenciar un partido en vivo y ahora ha salido que también las tarifas para transmitir los encuentros en bares o en un parque equivalen al presupuesto que se destinaría a construir una escuela o reparar varios kilómetros de calles.
Agreguemos a la ecuación las manifestaciones de la CNTE en la Ciudad de México y otras entidades, las cuales han iniciado con la suspensión de clases precisamente en las fechas en las que el gobierno federal pretendió hacerlo alegando el excesivo calor y, precisamente, la celebración del Mundial. Las demandas de los docentes se han mantenido: abrogación de la reforma a la Ley del ISSSTE de 2007, retorno a un esquema solidario de jubilaciones y pensiones, e incremento salarial del 100 por ciento. Las tres requerirían un presupuesto fuera de toda posibilidad e implicarían una nueva política recaudatoria.
El papel que ha desempeñado hasta ahora Mario Delgado, titular de la Secretaría de Educación Pública (SEP) ha sido errático. Él fue quien primero hizo el anuncio de adelantar el fin del curso escolar en todo el país, una medida que no tuvo el respaldo de la población en general. Hoy es visible que lo que pretendía era anticiparse a las manifestaciones de la CNTE, a la cual ahora, durante la conferencia diaria de la presidenta Claudia Sheinbaum, urgió ayer a valorar las propuestas que el gobierno federal ha presentado con respecto a sus peticiones, particularmente la sustitución de la Unidad del Sistema para la Carrera de las Maestras y los Maestros (Usicamm) y el actual esquema mixto de pensiones.
Pero la CNTE está también en busca de los reflectores que con motivo del evento de la FIFA están en el país y su presencia en las calles ya ha tenido como consecuencia que sus movilizaciones impacten en la agenda de las autoridades, como la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada, quien ayer canceló actividades públicas para atender el desplazamiento de los docentes hacia el estadio Azteca. Así, sus llamados a que las manifestaciones se desarrollen por la vía pacífica, sin afectar a terceros, dejan la sensación de desesperación. Si la CNTE obedece a una estrategia para proyectar una imagen de caos e inestabilidad en el país, y la organización está a la espera de un acto de represión, esto ya lo anticipó el gobierno, y también ya anunció que no caerá en provocaciones. De ser así, el movimiento magisterial deberá concluir antes del juego inaugural.
Pero con el decreto de suspensión de clases, y los servidores públicos desde el home office, el ambiente festivo previsto para el juego inaugural entre México y Sudáfrica ya no será. Millones han quedado excluidos de este Mundial, y lo deportivo ha quedado ya muy detrás de lo político en el negocio del futbol.
Edición: Fernando Sierra