de

del

Cinco de junio

Noticias alentadoras ante un panorama incierto
Foto: Reuters

El cinco de junio, como cada año desde hace cincuenta y cuatro años, se conmemoró (y de ninguna manera se celebró) el día mundial del medio ambiente. Esta vez la Organización de las Naciones Unidas (o quizá su fantasma) nos ha propuesto recordarlo con el lema “Nuestro poder. Nuestro planeta”. Es inevitable notar la dolorosa ironía de que sea la ONU el organismo multilateral que precisamente ahora, en el momento de su más aguda debilidad, nos venga a proponer este lema de tono contundente: si el planeta es reflejo de nuestro poder (¿global?), entonces está ante un peligro extremo.

Al iniciar la segunda mitad del siglo pasado, el ecólogo Barry Commoner se preocupaba porque a quienes se dedicaban a advertir de los peligros del deterioro ambiental, provocado por actividades humanas emprendidas sin tenerlo en cuenta, se les conociera como “profetas del desastre”. Hacia fines de esa centuria, un querido amigo se lamentaba de que las ciencias ambientales parecían limitarse a monitorizar (medir) y narrar el avance de la catástrofe.

El desastre que vaticinaban los ecólogos desde mediados del siglo XX hoy está ya entre nosotros. Las medidas del avance de la catástrofe que tanta desazón le ocasionaban a mi amigo no han hecho más que confirmarla. Sin embargo, la sensación de amenaza y la convicción de que, como especie voluntariosa, que presume de esa cosa que muchos llaman “libre albedrío”, debemos cambiar el rumbo de nuestro quehacer si queremos sobrevivir y si queremos que, con nosotros,  permanezca la ecosfera como un sistema complejo, vital y biodiverso, capaz de continuar una evolución sin un destino prescrito, esa sensación de amenaza y esa convicción parecen ser todavía cosa exclusiva de unos cuantos ingenuos, incapaces de apreciar las bondades del “progreso”, las virtudes del mercado y la omnipotencia de la tecnología.

No nos queda más remedio que insistir en la afirmación de que, en lo que atañe a nuestro entorno, estamos ante una policrisis – o metacrisis – de alcance planetario que ya pone en cuestión la capacidad del mundo para sostener algo parecido a lo que hoy conocemos como la vida: el clima cambia aceleradamente para presentar situaciones extremas que retan cualquier resiliencia de los ecosistemas y sus procesos; cada vez se pierden más especies más velozmente, con lo que se va erosionando la diversidad genética y poniendo en riesgo la posibilidad de continuar la eficacia de los procesos de la evolución; Los agroecosistemas se han ido convirtiendo cada vez más en fuentes de productos químicos (fertilizantes y plaguicidas) que contribuyen a alterar la dinámica alimentaria de los ecosistemas naturales; continuamos empeñados en generar energía a través de la explotación de combustibles fósiles, pensando incluso que se pueden realizar acciones de fracking (o fragmentación de las rocas del subsuelo) de manera sustentable; seguimos pensando que dejar de producir y emplear plásticos de un solo uso significaría un trauma irreparable para los mercados; las economías del mundo deciden depender cada vez más estrechamente de incorporar obsolescencia a todos sus productos para le consumo, de modo que tengamos que comprar todo de nuevo con más frecuencia, generando cada vez más residuos con los que la naturaleza tendrá que lidiar sin remedio; en fin, como decían mis hijos, “en el hoyo, y cavando”.

Octavio Paz decía, en su Itinerario, publicado hacia fines del siglo XX, que “…la gran novedad histórica de este fin de siglo es la aparición de la conciencia ecológica” Creo que pecó de un optimismo excesivo. La conciencia ecológica sigue siendo, ya entrados en el segundo cuarto del siglo XXI, el clamor de un puñado de personas y organizaciones que intentan sin demasiado éxito convencer a propios y extraños que merece la pena hacer esfuerzos relevantes por cambiar el rumbo de las actividades humanas, para revertir los efectos que conducen al cambio climático global; que es indispensable para la salud de las comunidades humanas invertir en la conservación de la biodiversidad, la protección de los ecosistemas y la permanencia de los servicios ambientales que su funcionamiento apropiado les permite proveernos.

Hay muchas personas que siguen pensando que proteger y conservar la naturaleza atenta contra su interés, y que es legítimo su interés por acumular con que consideran riqueza sin considerar los efectos del deterioro que sus actividades generan; y hay muchas personas que siguen considerando que las soluciones basadas en naturaleza son sueños ingenuos de “hippies” trasnochados. Para la mayoría de las organizaciones gubernamentales, la protección de la naturaleza es un lujo inadmisible, o al menos, una necesidad menor que se puede postergar para un futuro tan lejano que no es posible visualizarlo. Al menos en nuestro país, se prefiere destinar los exiguos recursos del erario a fortalecer las fuerzas armadas, dotándolas de mayores presupuestos y cada vez más facultades y atribuciones, invertir en la realización de obras públicas de dudosa rentabilidad y sustentabilidad, y repartir recursos contantes y sonantes la asistencia de diversos grupos de población.

Es verdad que hay algunas noticias alentadoras: nacen unos cuantos lobos, se reproducen unos pocos bisontes, se detiene al menos por el momento la explotación depredadora de ellos humedales de Mahahual, se suspende la construcción de infraestructura portuaria en Loreto, y se detiene la construcción de un gasoducto en el norte del país. No puedo sin embargo deshacerme de la sensación de que es poco, disperso y tardío. Al ver los mensajes, “memes”, carteles y anuncios que han hecho diversas organizaciones para recordarnos la conmemoración de este día mundial del medio ambiente, me ha llamado la atención encontrarme con que, fuera de la ONU, nadie ha hecho eco del lema que este año nos propuso. Parece ser que, a ojos de quienes hoy dedican sus mejores esfuerzos a la protección de la naturaleza, la idea de “Nuestro poder. Nuestro planeta” no alcanza a generar entusiasmo alguno.


Edición: Fernando Sierra


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