Opinión
La Jornada
24/06/2026 | Ciudad de México
El secretario de Economía, Marcelo Ebrard, informó que la posibilidad de un retiro del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) ya quedó descartada porque ninguna de las partes notificó su salida en el plazo reglamentario. Por lo tanto, continuará vigente un mínimo de 10 años, independientemente de lo que ocurra el próximo 1 de julio, cuando los tres países deberán comunicar si optan por una extensión de 16 años o por mantener el acuerdo en su plazo original con revisiones anuales.
Esto significa que los tres países de América del Norte mantendrán su estrecho vínculo comercial al menos por una década. Dada la profundidad de los lazos entre las respectivas economías, esta continuidad sería una buena noticia si no fuera por el uso extorsivo que Washington da a la cercanía comercial para empujar su agenda injerencista y desestabilizar a sus vecinos. Con un gobierno razonablemente respetuoso de la soberanía y la etiqueta diplomática en la Casa Blanca, los intercambios trilaterales podrían redundar en beneficios para todas las partes y en una capacidad potenciada para abordar las problemáticas comunes.
Esa dinámica virtuosa también requeriría que Estados Unidos dedique menos tiempo al golpeteo contra México y más a cumplir su parte en las preocupaciones compartidas. Como recordó ayer la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, las autoridades estadunidenses tienen que hacer su trabajo de detener armas que vienen a México, así como arrestar a integrantes de las organizaciones delictivas que distribuyen la droga dentro de Estados Unidos y desmantelar las redes de lavado del dinero generado por actividades criminales.
México, recordó la mandataria, hace su trabajo todos los días, “desde la atención a las causas del fenómeno delictivo hasta la coordinación permanente para poder detener a presuntos delincuentes y generadores de violencia”.
En este contexto, resultan llamativas las declaraciones de Larry Rubin, presidente de la American Society México (Amsoc). El hombre de negocios dijo que “el crecimiento comercial de nuestras dos naciones es impresionante y seguirá creciendo a doble dígito. No importa lo que digan o hagan los políticos”, pues “quienes hacen crecer el T-MEC día con día son los empresarios y los consumidores, que tienen las ventajas de adquirir productos de la región a precios más competitivos”. Se puede estar o no de acuerdo con la percepción de Rubin, pero es contradictorio que minimice el papel de los políticos cuando se ha dedicado a reunirse con y dar micrófono a los representantes de la derecha partidista y a empresarios antigubernamentales.
Si Larry Rubin y los promotores del libre mercado están convencidos de la centralidad de los dueños y directivos corporativos en el avance económico, lo mejor que pueden hacer es abstenerse de arropar en publicitados convivios a los representantes de la derecha y la ultraderecha, máxime en un momento tan delicado como el actual, en que una gobernante de esta corriente, la gobernadora de Chihuahua, María Eugenia Campos, se encuentra bajo escrutinio por facilitar la infiltración de la CIA y otras agencias de espionaje en territorio mexicano.
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Edición: Estefanía Cardeña