Opinión
La Jornada
25/06/2026 | Ciudad de México
El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) informó ayer que en la primera quincena del mes la inflación se desaceleró a 3.55 por ciento a tasa anual debido a la disminución en los precios de productos agrícolas, automóviles y tenis. De este modo, la inflación suma seis quincenas consecutivas a la baja y se acerca al objetivo del Banco de México, que es de 3 por ciento con un margen de un punto porcentual hacia arriba o hacia abajo. Un día antes, el Inegi ya había divulgado las cifras de crecimiento del producto interno bruto (PIB), indicador que tuvo un aumento mensual de 1.2 por ciento en abril frente a marzo, el mayor repunte mensual desde marzo de 2021, y además marca el tercer periodo consecutivo de crecimiento después de que en enero de este año se contrajo 1 por ciento. A tasa anual, el incremento del PIB fue de 2.2 por ciento, si bien es difícil que 2026 cierre con ese nivel.
No son las únicas buenas noticias sobre la economía nacional. En abril, las ventas minoristas crecieron 0.8 por ciento respecto a marzo, y mostraron un dinamismo tres veces mayor. También, en el cuarto mes del año, el valor de la producción de la construcción creció 0.4 por ciento en abril; con lo que alcanzó siete periodos consecutivos de avance. Se han entregado 12 mil 125 millones de pesos a pequeñas y medianas empresas dentro del Plan México, la estrategia impulsada por el gobierno federal para fortalecer la inversión productiva, la generación de empleo y el crecimiento económico.
La caída de la inflación merece una consideración adicional, pues este indicador tiene un impacto relativo: los precios pueden crecer a una tasa tan baja como 1 por ciento anual, pero si los salarios permanecen estancados, tendrá un efecto corrosivo en el poder adquisitivo de los trabajadores. Por el contrario, una tasa de 4 por ciento (por encima del objetivo del Banco de México) puede verse contrarrestada si los ingresos aumentan a un ritmo mayor. Eso ha ocurrido en México en años recientes, como demuestra la caída de la población en condición de pobreza laboral, esto es, que con sus ingresos no logran adquirir la canasta básica. De acuerdo con datos del Inegi, este indicador se ubicó en 30.7 por ciento en el primer trimestre del año, su nivel más bajo desde que comenzó a registrarse en 2005. Esto implicó la reducción de 3.2 puntos porcentuales respecto al mismo periodo del año pasado, lo cual significa que cada vez más mexicanos obtienen un sueldo con el cual pueden adquirir la canasta básica de consumo.
En conjunto, los datos expuestos constituyen una excelente noticia para el país y una nota de aprobado para el proyecto económico gubernamental, que de este modo muestra su viabilidad y su resistencia en un entorno de turbulencia e incertidumbre como el actual. Si las cifras son buenas en sí mismas, su valor se acrecienta al considerar que se producen cuando los precios globales siguen disparados a consecuencia de la agresión militar ilegal de Estados Unidos e Israel contra Irán y las inversiones se encuentran en suspenso debido al delirio trumpista de imponer aranceles a socios, aliados y rivales (reales o imaginarios) sin más criterio que el humor del magnate y sus vendettas personales.
Quienes se empeñan en augurar un desastre en la conducción económica de los gobiernos progresistas mexicanos después de más de un sexenio de ser desmentidos por los hechos deberían sentirse movidos a reflexión por los resultados del último trimestre y admitir que los innegables problemas y pendientes de México no tienen las causas ni las soluciones que por décadas se dieron por sentadas en el marco del dogma neoliberal.
Edición: Ana Ordaz