Opinión
Dalila Aldana Aranda
25/06/2026 | Mérida, Yucatán
El deporte es una de las actividades más importantes para la salud, la recreación y la convivencia social. Millones de personas en todo el mundo practican diferentes disciplinas deportivas cada día, desde actividades recreativas hasta competiciones profesionales. Sin embargo, el deporte también genera emisiones de dióxido de carbono (CO₂), contribuyendo al cambio climático. Uno de los deportes con mayor impacto ambiental a nivel mundial es el fútbol. Su huella de CO2 no proviene únicamente del juego en sí, sino también de los viajes en avión de los equipos y el desplazamiento de grandes cantidades de aficionados. La iluminación de los estadios, el mantenimiento del césped y la operación de grandes instalaciones deportivas. Eventos como los campeonatos mundiales pueden generar millones de toneladas de CO₂ debido a la construcción de infraestructura y al transporte masivo de personas. Por esta razón, el futbol es considerado uno de los deportes con mayor huella de carbono. Actualmente, la sostenibilidad se ha convertido en un tema prioritario para las organizaciones deportivas, ya que algunas disciplinas presentan una huella de carbono considerable.
Aunque la actividad física de jugar al fútbol tiene un impacto relativamente bajo, la industria que rodea este deporte genera una gran cantidad de emisiones de efecto invernadero. Un informe elaborado por Scientists for Global Responsibility estimó que la huella de carbono global del sector futbolístico se sitúa en 66 millones de toneladas de CO₂ al año, una cifra comparable a las emisiones anuales de un país como Panamá. Estas emisiones incluyen el consumo energético de los estadios, la construcción y renovación de instalaciones, los viajes de equipos y aficionados, así como la producción y distribución de mercancías relacionadas con este deporte. Uno de los principales factores que contribuyen a la huella de carbono del fútbol es el transporte, donde los viajes de los aficionados representan una parte importante del impacto ambiental asociado a este deporte.
Los grandes eventos internacionales incrementan aún más estas emisiones. En la Copa Mundial de la FIFA 2026 se estima una huella de carbono cercana a los 8 millones de toneladas de CO₂, de los cuales el transporte de los aficionados representa cerca del 87 % de las emisiones totales. Estos datos muestran que los viajes aéreos y terrestres constituyen el principal desafío ambiental para el fútbol. Es difícil representarnos a qué equivalen 8 millones de toneladas de CO₂, pero las equivalencias facilitan comprender su impacto. Esa cantidad vale por 2 millones de automóviles circulando durante un año, o por el consumo anual de electricidad de una ciudad de 4 millones de habitantes. Ahora, para absorber esos 8 millones de toneladas de CO₂ se requieren 130 millones de árboles durante un año. La CDMX tiene sólo 15 millones de árboles, cifras que permiten dimensionar el enorme impacto ambiental de los grandes eventos deportivos internacionales, como es la Copa Mundial de Futbol.
El tema de la sostenibilidad ha llevado a muchas organizaciones deportivas a adoptar medidas para reducir su huella de carbono. Entre ellas, el uso de energías renovables en los estadios, la instalación de sistemas de iluminación eficientes, la reducción del consumo de agua, el reciclaje de residuos y la promoción del transporte público eficiente para deportistas y aficionados. Algunos clubes de fútbol y organizaciones internacionales han establecido metas de neutralidad de carbono para disminuir su contribución al calentamiento global. La FIFA 2026, obtendrá entre 8,000 y 10,000 millones de dólares en ingresos, lo que la convertirá en el evento deportivo más rentable de la historia, superando a Qatar 2022. Para compensar esa huella de CO2, destinar un porcentaje mínimo de sus ganancias a la reforestación del país huésped debería ser un acuerdo/aportación novedosa “verde” de la FIFA, que no afecta los beneficios físicos, sociales, económicos y culturales que ofrece el futbol a la sociedad y sí tendría un efecto positivo en el medio ambiente y el calentamiento global.
Premio Nacional al Mérito Ecológico
Edición: Estefanía Cardeña