Opinión
La Jornada Maya
29/06/2026 | Ciudad de México
El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, advirtió ayer que los cambios en la estructura económica de la isla aprobados el pasado 18 de junio por la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP) no significan un regreso al capitalismo ni cambios en el sistema político cubano. Por el contrario, dijo, el propósito del paquete de 176 medidas es “salvar la revolución y sus innegables conquistas sociales”, en un contexto económico crítico causado por el bloqueo que el gobierno de Estados Unidos mantiene contra la nación caribeña desde hace más de seis décadas y que la administración de Donald Trump ha llevado hasta extremos de inhumanidad con pocos precedentes en la historia universal.
A decir del mandatario cubano, la “extrema complejidad” del escenario actual exige generar más recursos materiales y financieros a fin de preservar los avances logrados en la isla en materia de salud, educación, ciencia y cultura.
Las reformas mencionadas incluyen la posibilidad de que personas y compañías nacionales y extranjeras creen bancos y adquieran acciones de empresas estatales, las cuales podrán definir por sí mismas los precios y llevar el control de costos, gastos, tendencias del mercado; abrir las zonas turísticas a desarrollos inmobiliarios; permitir el establecimiento de franquicias de comida rápida; adjudicar a privados áreas protegidas, acuarios, zoológicos y centros de alojamiento; promover la exportación de productos cubanos de marca registrada y facultar a autoridades provinciales y municipales para crear, liquidar o extinguir empresas estatales locales; establecen, asimismo, una liberalización del sistema financiero y de la escala salarial.
Aunque en los días transcurridos desde el anuncio los medios y comentaristas occidentales se han apresurado a festejar “el fin del socialismo cubano”, lo cierto es que el Estado conservará el control de las áreas estratégicas y mantendrá el carácter social de las instituciones y de la economía en general. El giro, como lo señaló en la sesión del día 19 de la ANPP el primer ministro, Manuel Marrero, no significa concesión alguna a la exacerbada hostilidad económica de Washington, sino que responde al propósito de “corregir las distorsiones” y también, desde luego, a la necesidad de dar oxígeno a la agobiada economía de la isla, afectada por las draconianas y arbitrarias disposiciones estadunidenses que prohíben a prácticamente cualquier persona física o moral del mundo hacer negocios con Cuba.
El plan de reformas, por lo demás, fue ampliamente discutido en instancias de diversos niveles del poder público y es consistente con el Programa Económico y Social del Gobierno, validado en consulta popular. Representa, por ello, un ejercicio de soberanía y de legítima defensa del modelo político, social y económico construido por el propio pueblo cubano.
De alguna manera, los cambios introducidos en la isla evocan la evolución de los paradigmas socialistas en China y en Vietnam, y cabe esperar que tenga resultados igualmente positivos. Finalmente, y al margen de lo que decidan los cubanos para su país, es irrenunciable la exigencia de que Estados Unidos abandone su pretensión de rendir a Cuba por hambre y escasez a fin de imponer su voluntad en los asuntos de esa nación.
Edición: Ana Ordaz