Opinión
Dalila Aldana Aranda
01/07/2026 | Mérida, Yucatán
La disponibilidad de piscinas públicas es un indicador para evaluar el acceso de la población a la actividad física acuática. En Mérida, se identifican sólo de cuatro a seis instalaciones públicas destinadas a la enseñanza y el entrenamiento de natación o actividades acuáticas. Considerando que el municipio de Mérida cuenta con una población cercana al millón de habitantes, la relación es de apenas una piscina pública por cada 250 mil habitantes. Una oferta muy limitada de infraestructura acuática pública en comparación con los niveles de cobertura que suelen utilizarse como referencia en la planificación deportiva internacional. La infraestructura deportiva en Europa o Canadá considera rangos adecuados una piscina pública por cada 20,000 habitantes. Si Mérida aspirara a alcanzar esa cobertura, requiere invertir y construir al menos 50 piscinas. Una meta socialmente justa sobre todo en una región donde la temperatura media anual es de 27-29 °C, donde de marzo a octubre, las temperaturas máximas diarias están por encima de 30 °C lo que representa 250 días al año por arriba de 30 °C. Para la población de Mérida, la expansión de la infraestructura acuática pública podría generar beneficios significativos en términos de salud física, mental, bienestar, rehabilitación, inclusión social y desarrollo deportivo. Consolidar la natación y las actividades acuáticas accesibles a todos los sectores de la población, independientemente de su nivel socioeconómico y rango de edad.
La natación y la AquaGym son de las actividades físicas más completas y adecuadas para personas de todas las edades. La práctica regular de ellas aporta importantes beneficios físicos, mentales y sociales. Contribuyen eficazmente a la prevención de enfermedades crónicas, mejoran la salud cardiovascular, la circulación sanguínea, contribuyen al fortalecimiento muscular y la resistencia física. El agua permite trabajar simultáneamente gran parte de los músculos del cuerpo, mejorando, además, la coordinación y la flexibilidad. Reduce hipertensión y diabetes tipo 2. En el ámbito de la salud mental, hacer ejercicio en el agua contribuye a reducir los niveles de estrés, ansiedad y depresión. Aumenta la autoestima y contribuye a una mejor calidad del sueño. Mejoran el estado de ánimo y generan mayores niveles de bienestar que los ejercicios en tierra.
Foto: Dalila Aldana Aranda
Además de la natación, está la aquagym, que es una actividad física que combina ejercicios aeróbicos, de fuerza y flexibilidad, aprovechando la resistencia natural del medio acuático. La flotabilidad reduce significativamente el peso corporal durante su práctica, disminuyendo la carga sobre las rodillas, las caderas y la columna vertebral. Esta característica la convierte en una opción especialmente adecuada para adultos mayores, personas con sobrepeso y quienes se encuentran en procesos de rehabilitación física. Entre sus beneficios destacan la mejora de la capacidad cardiovascular, el fortalecimiento muscular y el aumento de la movilidad, la coordinación y el equilibrio. Además, su práctica en un entorno recreativo y social favorece el bienestar emocional y contribuye a la reducción del estrés.
El sábado pasado, al llegar a nadar, me atrajo una serie de objetos en el borde de la piscina y una tortuga. La maestra (Nelly Anguas) dirigía a sus alumnas con una energía espectacular con una rutina de más de 12 ejercicios: desde “vencidas”, bici, fuerza para rescatar a la tortuga, pesas, etc. Su grupo de alumnas bien aplicadas radiaba energía y alegría. Le solicité si me permitía integrarme, accedió y me fue mostrando los ejercicios. Yo soy una buena nadadora, deporte que disfruto en “solitario” viendo y oyendo mis burbujas de la respiración mientras nado, pero integrarme a la aquagym me generó mucha alegría al hacerlo en grupo. Salí con una sensación muy grande de bienestar físico y de ver a ese grupo de mujeres activas y llenas de vida. Ver a una maestra, profesional y con una creatividad extraordinaria al diseñar rutinas que integran esfuerzo, equilibrio, capacidad pulmonar y cardiovascular. Dedico esta nota a la maestra y sus alumnas, que son un ejemplo de profesionalismo, disciplina y de vivir bien, radiando alegría. No cabe duda de que estos espacios favorecen la salud, la integración social, esencial para mejorar la calidad de vida de la población. Pero en este caso sólo para un porcentaje de la población que puede acceder a una piscina privada. En Mérida se requiere un programa de piscinas públicas para que la población tenga acceso a los beneficios que aporta estar en el agua.
Dalila Aldana Aranda
Premio Nacional al Mérito Ecológico
Edición: Estefanía Cardeña