Opinión
Óscar Muñoz
16/07/2026 | Mérida, Yucatán
En un artículo anterior, fueron señaladas las ventajas que tiene escribir a mano y los beneficios que ofrece al proceso mental. Efectivamente, escribir a mano mejora la retención de memoria, es decir, la gente recuerda más y mejor las palabras en su forma y su fondo, lo que significan y cómo se escriben, y también comprende el contexto en el que son utilizadas. Además, escribir a mano implica la comprensión lectora, ya que, en el instante de escribir cada palabra, las personas las visualizan mentalmente durante la escritura. En cambio, al teclear, la mente está concentrada más en las teclas que deben ser oprimidas para escribir lo que la gente quiere comunicar que en el concepto que representan las palabras y el sentido que el escritor quiera dar. No habrá que olvidar que escribir incluye leer, aunque sea mentalmente. Incluso hay personas que alcanzan a “leer” el párrafo completo que quieren escribir durante la escritura o antes.
La escritura a mano también repercute positivamente en la concentración. Debido a que escribir de modo manuscrito implica una coordinación entre la motricidad y la mente al anotar las palabras sobre el papel, las personas están plenamente concentradas en lo que quieren comunicar. Por el contrario, al teclear, la concentración mental es vaga, ya que la gente se preocupa por evitar marcar teclas que no debe y obviamente está más concentrada en cada letra y no en los conceptos que representan las palabras. He aquí la gran diferencia: mientras que quien escribe a mano está más concentrado en los significados de las palabras y las significaciones de los enunciados, quien teclea se concentra más en las letras representadas en el teclado, las cuales carecen de significado.
Además, al escribir a mano, ocurre un proceso de síntesis. Si bien en el instante inmediato anterior a escribir un texto, las personas analizaron la mejor manera de escribir lo que quieren comunicar, es decir, “leyeron” antes las oraciones más adecuadas, al anotarlas, sintetizan lo que antes analizaron. Otro aspecto de la síntesis está en el hecho de fijar mejor las ideas en la escritura porque la gente que las anota piensa en sus significados y no en las letras representadas en las teclas. La ventaja de todo ello está en que, al escribir a mano, incorpora acciones motoras y cognitivas al mismo tiempo, lo que previene el deterioro mental.
Otro aspecto que se ve favorecido por la escritura manuscrita es la mayor retención de datos o información, mucho más que teclear. Por ejemplo, al hacer apuntes en una libreta, en lugar de teclear en una tableta, el cerebro realiza una doble función: por una parte, procesa la información a ser anotada y, por otra parte, reestructura dicha información, es decir, es puesta con las propias palabras de quien toma los apuntes. El beneficio de esto repercute en facilitar los recuerdos a largo plazo. En cambio, si el apuntador usa el teclado, éste podría recordar lo escrito, aunque a muy corto plazo.
Otro de los beneficios de escribir a mano se ve reflejado en el desarrollo mental del individuo. Usar el lápiz y el cuaderno involucra diversas áreas de las personas: el área cognitiva, donde surgen los conocimientos que tiene el escribano; el área motora, que permite los trazos de las palabras de las oraciones de los párrafos del texto; y el área visual, que permite constatar lo que se quiere comunicar, es decir, va leyendo lo que escribe. Y todo ello favorece el pensamiento crítico y la creatividad, dos aspectos humanos fundamentales que cada día se ven más perdidos.
Por si fuera poco, la escritura manuscrita también disminuye las distracciones digitales, las cuales disparan la ansiedad y el estrés; por el contrario, mejora la concentración profunda y permite la relajación. Y como al escribir a mano está impedido el corrector ortográfico automático, el escritor se ve obligado a recordar la ortografía de las palabras y sus reglas, así como considerar las mejores estructuras sintácticas para asegurar una mejor comunicación. Valdrá destacar, finalmente, que, además de la población en general, las autoridades educativas y culturales están obligadas a considerar el impulso de la escritura manuscrita en todos los ámbitos de la vida social.
Edición: Estefanía Cardeña