Opinión
Ornela De Gasperin Quintero
19/07/2026 | Mérida, Yucatán
‘Ahora tomamos conciencia de este problema, cuando casi es tarde para impedirlo’. [Las sociedades de consumo] ‘han saturado la atmósfera de gases que alteran las condiciones climáticas con efectos catastróficos, que ya empezamos a padecer.
’
Este discurso podría haber sido pronunciado hoy. Pero fue dicho por el comandante Fidel Castro en la Cumbre de la Tierra, en junio de 1992. En esa reunión de alto nivel, 154 naciones firmaron la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, con la finalidad de ‘evitar interferencias humanas peligrosas en el sistema climático global’. Desde entonces, hace solo 34 años, se inyectaron más gases contaminantes a la atmósfera que en los 400 años de historia industrial contaminante.
Tres décadas después de ese discurso el conocimiento científico del cambio climático, resumido por el Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), concluyó que ‘la pequeña ventana de oportunidad para asegurar un futuro viable y sostenible para todos y todas se está cerrando rápidamente’. (Informe 2022).
El diagnóstico científico surgió a raíz del constante incremento de temperatura climática, que nos acerca, cada vez más, a cruzar umbrales irreversibles, como el derretimiento total de las placas de hielo del planeta, la muerte de la selva amazónica, y el colapso de circulaciones oceánicas, que regulan patrones de lluvia y de temperatura globales, se vuelven procesos imparables e irreversibles, no importa lo que qué hagamos. Hoy en día, es altamente probable que se haya vulnerado uno: la muerte de los arrecifes de coral de baja latitud.
Si los gobernantes del Norte Global hubieran escuchado a Fidel y a los científicos que apoyaban las tesis de su discurso, las conclusiones del IPCC en el 2022 hubieran sido muy distintas.
El cambio climático es el síntoma más nocivo del fracaso sistémico de los poderes económicos y políticos que rigen el mundo en el que vivimos. Poseemos el conocimiento del problema y las soluciones para frenar y mitigar el cambio climático desde hace décadas; pero no solo no se detiene, sino se acelera.
Si en el año 1992, los políticos y empresarios hubieran tomado decisiones racionales, quizás no hubiéramos sufrido a Otis ni a Dana; tampoco 33 millones de personas, la mitad infantes, no hubieran sido afectadas por grandes inundaciones masivas en Pakistán, en 2022, ni Melissa hubiera causado daños por de 8.8 mil millones de dólares a las naciones más pobres de América Latina, en 2025.
Todas estas afectaciones son efectos del sistema económico inhumano, irracional y homicida en el que vivimos, y que nos imponen los grandes capitales internacionales.
El sistema económico está diseñado para acumular capital. Y no importa si ese capital viene de la industria bélica, o lo origina una producción virtuosa que genera justicia y dignidad humana. Cien millones de dólares invertidos en hospitales hacen crecer una ‘economía’ tanto como 100 millones de dólares invertidos en bombas.
Pero al capitalismo no le importa si el sistema contamina, rompe, fractura, mata, destruye, conserva, limpia, regenera o repara; lo que le interesa son las ganancias económicas que reciben unas cuantas personas.
Esa irracionalidad del sistema económico actual también la denunció Fidel, en aquella famosa participación en Brasil: “Si se quiere salvar a la humanidad de esa autodestrucción, hay que distribuir mejor las riquezas y las tecnologías disponibles en el planeta. Menos lujo, y menos despilfarro, en unos pocos países, para que haya menos pobreza, y menos hambre, en gran parte de la Tierra. No más transferencias al tercer mundo, de estilos de vida, y hábitos de consumo que arruinan el medio ambiente.”
En ese mismo discurso, Fidel Castro también planteó: “Cuando las supuestas amenazas del comunismo han desaparecido, y no quedan ya pretextos para guerras frías, carreras armamentistas, y gastos militares, ¿qué es lo que impide dedicar de inmediato esos recursos a promover el desarrollo del tercer mundo, y combatir la amenaza de la destrucción ecológica del planeta?”
Lo impide el capitalismo, y los multimillonarios que lo sostienen y lucran con él.
Y el diagnóstico de Fidel Castro sigue siendo correcto, más de 30 años después: “Desaparezca el hambre y no el hombre.” “Mañana será demasiado tarde para hacer lo que debimos hacer hace mucho tiempo.”
¡No hay justicia climática sin justicia social!
Edición: Fernando Sierra