Opinión
Ornela De Gasperin Quintero
17/06/2026 | Mérida, Yucatán
El 11 de junio de 2026, Shakira, Belinda, y otras celebridades cantaron durante el medio tiempo del partido inaugural, que ganó la selección mexicana 2 a 1, del mundial 2026 de la Federación Internacional de Fútbol Asociación, FIFA. El que será el mayor espectáculo del año, será también espectacularmente contaminante.
Este mundial es, hasta ahora, el más desmesurado de la historia. En él jugarán 48 selecciones, en lugar de las 32 anteriores, en 104 partidos, en vez de los 64 de antes. Los partidos se disputarán a lo largo de un área gigante que abarca 16 ciudades de tres países sede: Estados Unidos, Canadá y México.
A diferencia del mundial de 2022, celebrado en Qatar, donde los estadios estaban conectados por metro y autobús, y aun así arribaron cerca de 1800 vuelos privados, ahora los estadios están comunicados por aire. La selección de Argelia recorrerá 4,800 km en su viaje de ida y vuelta de Kansas a San Francisco, y la de Bosnia más de 5,000 km entre Seattle, Toronto y Los Ángeles, seguidos por sus fans. Para este mundial, la contaminación causada por la aviación se estima que será 324 por ciento mayor que la del 2022 (casi 8 millones de toneladas de CO₂e). Hay 57 naciones y territorios que contaminan menos que eso en todo un año. Otra complicidad nefasta con el ecocidio, es perpetrada por el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, que ha recorrido 600 mil km en vuelos privados, que han generado 2 mil toneladas de CO2.
Pero para Boeing, una mega empresa multinacional, con sede en Estados Unidos, que fabrica y vende satélites, aviones, helicópteros y misiles, las anteriores son excelentes noticias.
Boeing ha fabricado más del 40 por ciento de los aviones comerciales del mundo, y le ha vendido miles de bombas guiadas de pequeño diámetro (GBU-39) a Estados Unidos. Al menos 4 mil 800 de esos explosivos, han sido usados por el Estado de Israel contra el pueblo palestino.
Con indiferente complicidad frente a la matanza y el ecocidio en Gaza, la multinacional FIFA firmó en el 2024 un acuerdo de patrocinio por 400 millones de dólares, con el mayor emisor corporativo de gases de efecto invernadero del planeta: el gigante energético estatal de Arabia Saudita, Saudí Arabian Oil Co. (Aramco), que es responsable de más del 4 por ciento de todas las emisiones desde 1965 (70.7 mil millones de toneladas de CO₂).
Para Aramco, ser socia de la FIFA y estar presente en el mundial, le permite lavar su imagen, generar apoyo a la industria fósil y fingir ser una empresa socialmente responsable, en lugar de lo que realmente es: una amenaza permanente y en crecimiento constante contra toda forma de vida y la integridad de nuestro planeta.
Las mismas mujeres futbolistas se opusieron a este patrocinio: “Aramco es uno de los mayores contaminadores del planeta que todos llamamos hogar. Al aceptar el patrocinio de Aramco, la FIFA está anteponiendo el dinero a la seguridad de las mujeres y a la seguridad del planeta”, dijo Jessie Fleming, capitana de la selección de Canadá, apoyada en su carta denuncia, por la firma de más de 100 mujeres futbolistas profesionales.
A este mundial desmedido se espera que lleguen 7.38 millones de espectadores, y que se incremente la contaminación con la apabullante cantidad de prendas deportivas confeccionadas para la ocasión. La producción de una camiseta de fútbol genera, en promedio, 5,5 kg de CO₂.
Pero tan o más inmoral y atroz que la contaminación a ocurrir, es el hecho de que los Estados Unidos de América sea la sede más importante del torneo.
Esta nación, en los últimos seis meses, secuestró al presidente de una nación independiente, libre y soberana, Venezuela, un acto que violó flagrantemente la ley internacional; impuso un embargo petrolero a Cuba, y amenazó con aplicar elevados aranceles a los países que ayuden a esa nación. Cuba es un país solidario, pequeño en territorio, pero sin fronteras en humanidad, que ha enviado 400 mil médicos a todo el mundo cuando ha habido enfermedades, pandemias, catástrofes naturales y antropogénicas. También, en ese lapso, Estados Unidos comenzó una guerra contra Irán, usando como excusa que ese Estado estaba haciendo una bomba nuclear. En este lado del planeta, ha asesinado a más de 200 personas en mares del Caribe, en patente violación a la ley internacional, arguyendo, sin pruebas, que traficaban drogas.
¡Arriba el fútbol, abajo la FIFA!
¡No hay justicia climática sin justicia social!
Edición: Fernando Sierra