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Comencemos a despedirnos de Nueva Orleans

El incremento del nivel del mar y la erosión de los humedales del sur de Luisiana van a engullir la zona
Foto: Reuters

La crisis climática, causada por el sistema económico capitalista, avanza sin dar tregua. Hoy en día, más de la mitad de la población humana sufre grave escasez de agua al menos un mes al año; las Naciones Unidas estiman que para el 2030, 700 millones de personas estarán en riesgo de ser forzadas a desplazarse por sequías. Para 2050, esta cifra puede ascender a más de tres cuartas partes de la población mundial. Entre más gases, ocurren más derretimiento de las placas de hielo y de los glaciares, y más se expanden los mares e invaden zonas costeras. 

Un grupo de científicos acaba de concluir que la ciudad de Nueva Orleans, el hogar de 360 mil personas y la cuna del jazz, cruzó un punto de inflexión. El incremento del nivel del mar y la erosión de los humedales del sur de Luisiana van a engullir la zona de Nueva Orleans en pocas generaciones. 

Se han gastado miles de millones de dólares reforzando diques construidos tras el huracán Katrina para proteger a Nueva Orleans. Pero este sistema ya no es suficiente para salvarla a largo plazo. “Aunque hoy mismo se detuviera el cambio climático, los días de Nueva Orleans están contados”, dice uno de los autores del estudio.

Lo que hoy en día es una sentencia de muerte para Nueva Orleans, es un riesgo incierto pero posible para las zonas costeras del mundo, y hay 320 millones de personas que viven a menos de 5 metros sobre el nivel del mar.

¿Qué acciones se tomarían en un mundo racional ante esto?

Frenar las causas. 

Si llegamos a una casa inundada con la llave del agua aún abierta, ¿comenzamos a vaciar el agua de la sala antes de cerrar la llave? 
No. Primero cerramos la llave del agua, luego intentamos sacar el agua. 

De la misma manera, para paliar los efectos de la crisis climática, lo primero que debemos hacer es dejar de usar fuentes fósiles de energía para industrias inútiles. No más industria bélica, coches privados, aviones en el aire, sobre todo privados, ni cruceros y yates en nuestros mares. La energía que generamos debe ser usada para reducir nuestra dependencia de los combustibles fósiles, para expandir nuestra capacidad de energía renovable, y esta energía renovable debe ser usada, exclusivamente, para alimentar lo que sí necesitamos: hospitales, escuelas, centros públicos de arte y deporte, transporte público eléctrico. 

A la par, debemos expandir la protección social a niveles nunca antes vistos. Garantías de vivienda, salario básico universal, para que nadie dependa de H&M o de Coca Cola para tener donde vivir y qué comer.

Hoy en día, hay una conversación candente sobre el fracking, la cual se centra principalmente en si el fracking puede o no ser sustentable, y en determinar la capacidad institucional para hacerlo.

Esta conversación no ataca el problema de raíz; el problema de raíz es que nuestra economía requiere una cantidad de energía y de materiales excesivos, y que este uso excesivo de energía no es sustentable y no se puede reemplazar por renovables. 

La pregunta no debería ser fracking sí o no. La pregunta que tenemos la obligación de hacernos hoy en día, es la energía para qué. ¿Queremos tener aeropuertos operando al máximo, centros comerciales vendiendo ropa basura en cada esquina, y multimillonarios invirtiendo en acciones de empresas nocivas y bélicas? 

Si la respuesta a esa pregunta es afirmativa, entonces vamos a tener que usar fracking, porque estamos agotando los recursos superficiales de fuentes fósiles. Y también porque no existen industrias tan energéticamente intensivas como la del cemento, la aviación, la industria textil y la industria bélica, que funcionen con energías renovables. Más allá de cuestionarnos si queremos poblaciones vulnerables y explotadas sin agua, sacando litio para que algunas personas privilegiadas tengamos un coche eléctrico, que esté estacionado la mayor parte del tiempo, debemos saber que no hay suficiente litio en el mundo para reemplazar la flota vehicular de China, México y EUA.

Si no estamos dispuestos a transformar profundamente el sistema económico para centrar toda la capacidad productiva en productos y servicios de valor, y en reducir masivamente la energía que se usa en general, no vamos a poder romper nuestra dependencia con los combustibles fósiles, y vamos a tener que usar fracking.

 Y tarde o temprano, tendremos que despedirnos de nuestras ciudades costeras, como hoy tenemos que comenzar a despedir a Nueva Orleans.
¡No hay justicia climática sin justicia social!



Lea, del mismo autor: ¿Qué es el fenómeno El Niño?


Edición: Estefanía Cardeña


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