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Foto: Enrique Osorno

El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) dio a conocer esta semana los resultados de la medición de Pobreza Laboral (PL) correspondiente al primer semestre de 2026, la cual contrasta con el mismo período del año anterior. En líneas generales, se tiene un buen avance, considerando que este indicador disminuyó 3.2 puntos porcentuales, pero el contraste se da en el sur-sureste del país.

En la península de Yucatán y Chiapas, la pobreza laboral aumentó. La encuesta aclara que el indicador señala cuando los ingresos de una persona son insuficientes para salir de la pobreza extrema; es decir, para cubrir sus necesidades de alimentación, tomando en cuenta los precios de la canasta básica. 

En apariencia, el aumento de la PL es pequeño y bastarán algunos ajustes para pasar al crecimiento. Tanto Chiapas como Campeche registraron incrementos de 1.6 por ciento, mientras que Yucatán quedó una décima detrás en la tercera posición. Por su parte, Quintana Roo cierra el “top five” con un aumento de 1.2 por ciento, quedando atrás de Baja California Sur, que registró 1.3 por ciento.

Es cierto que Chiapas encabeza la nada honrosa lista de estados con más población en pobreza laboral, con 60.8 por ciento, mientras que Quintana Roo se sitúa casi al otro extremo, en el cuarto lugar entre las entidades con menos población en situación de pobreza laboral; pero también tenemos que Yucatán registró el segundo mayor aumento trimestral (comparado con el último trimestre de 2025), con el 2.4 por ciento; que Campeche se situó en el segundo lugar entre las entidades en las que el ingreso laboral real disminuyó (con 1.7 por ciento).  

Pero lo que más llama la atención es que la pobreza laboral disminuyó en 25 entidades, por lo que el sur -sureste estuvo a contracorriente entre enero y marzo de este año. Lo que queda es cuestionar qué es lo que ha ocurrido porque estamos hablando de la región a la que se le prometió dar prioridad en cuanto al desarrollo, y porque ya se realizaron varias obras de infraestructura. Es necesario voltear a ver la dinámica nacional y revisar qué es lo que se dejó de hacer porque sin duda se han perdido oportunidades para que miles de familias mejoren su calidad de vida y, por el contrario, se ha prolongado innecesariamente una situación que conduce a la pérdida de la salud mental. Urge revisar qué se ha dejado de hacer.

Parte de la respuesta podemos encontrarla en la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), también levantada por el Inegi, para el mismo período. En esta medición, aparecen dos datos que deben resultar preocupantes por lo menos para Yucatán, que de las entidades que registraron crecimiento en la pobreza laboral es la que tiene mayor población.

La ENOE del primer trimestre de 2026 indica que, en ese lapso, Yucatán contaba con 1.3 millones de personas mayores de 15 años en la población económicamente activa, de la cual se encontraba ocupado el 98.5 por ciento, es decir, 1.2 millones de individuos. Lo cuestionable es que la tasa de informalidad registrada fue del 59.3 por ciento. Es decir, que alrededor de 720 mil trabajadores no cuentan con prestaciones, acceso a la seguridad social o de cualquier protección ante un riesgo de trabajo.

En otras palabras, la oferta laboral más amplia se encuentra del lado que ofrece empleos que apenas aseguran la subsistencia diaria, mas no el acceso a salud, vivienda, educación y/o esparcimiento. Estos puestos, está de más decirlo, son de los que más abundan en el sector terciario de la economía, que es el dedicado a servicios, y que por mucho tiempo ha sido el mayoritario en Yucatán.

El gran pendiente entonces es, por lo menos para Yucatán, resolver la contradicción entre ser una entidad creadora de recurso humano calificado y oferta laboral mayoritariamente informal. El sureste requiere analizar por qué, a pesar de las inversiones y apoyos económicos para determinadas actividades primarias, no termina de alcanzar niveles de desarrollo que permitan que su población contar siquiera con niveles sanos de alimentación.


Edición: Estefanía Cardeña


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