Política
La Jornada Maya
20/07/2026 | Mérida, Yucatán
El próximo 1 de noviembre se cumplirán cuatro años de que un incendio obligara al cierre del Teatro Peón Contreras, presumido por los gobiernos de Yucatán, por lo menos desde el del doctor Francisco Luna Kan, como el principal recinto cultural de la entidad. Desde entonces, las promesas de atención y de restauración han ido y venido, sin que se tenga un resultado concreto en cuanto al fin de los trabajos de restauración y a una fecha para la vuelta del público a las butacas y plateas.
Este lunes, la secretaria federal de Cultura, Claudia Curiel de Icaza, durante la inauguración del Museo de Ichkaantijoo, en la zona arqueológica de Dzibilchaltún, pronosticó que la restauración del Peón Contreras se extenderá “un par de años más”, aunque se ha realizado “un trabajo imparable” en el recinto.
Llama la atención lo limitado de la intervención del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), que depende de la Secretaría de Cultura, pues los trabajos se han concentrado en la restauración de la cúpula del teatro, cuyo valor artístico es innegable. La dependencia estuvo sumamente activa durante las obras de construcción del Tren Maya, por lo que se habría esperado que, tras la conclusión del tendido de vías, pudiera dedicar algún recurso humano adicional al rescate del Peón Contreras. Cuestión de prioridades presupuestarias, se dirá, y se entiende que existan limitaciones, pero en lo que se refiere a la recuperación de espacios destinados a la cultura, la historia se ha vuelto muy parecida a la vivida durante los llamados gobiernos neoliberales.
Sin ir más lejos, de entregarse los trabajos del Peón Contreras dentro de dos años, el plazo empleado para su rehabilitación será el mismo, e incluso podría compararse con la inactividad que experimentó el Teatro Toro, de Campeche, de 2009 a 2016, por el desinterés administrativo que caracterizó a las autoridades de entonces.
Pero también resulta revelador que la secretaria Curiel haya anunciado que se buscará una restauración integral, dada la poca calidad de los trabajos de mantenimiento que se llevaron a cabo en el Peón Contreras, y el consecuente rezago histórico en cuanto a su funcionamiento adecuado. Aquí debe concederse razón a los especialistas del INAH, algunos de los cuales desde sus redes sociales hacen llamados continuos a quienes se anuncian como “restauradores” de edificios a que utilicen los materiales adecuados cuando se trata de intervenir en construcciones de mampostería, pues de lo contrario se afecta todavía más a las construcciones.
Esto quiere decir que, por lo menos durante los sexenios de Mauricio Vila Dosal y Rolando Zapata Bello, las intervenciones de mantenimiento al Peón Contreras fueron, a lo mucho, “de relumbrón”, lo que resulta una total falta de respeto al público asistente al teatro y, finalmente, a todos los residentes en el estado, ya que se trata de un edificio público, patrimonio histórico y, según se pretendió presumir, “máximo recinto” de la cultura en el estado. Si así se trató al principal, ya podemos imaginar cómo les ha ido a los centros culturales menos afortunados.
Ahora, contar con la promesa de una fecha de entrega es positivo, pero obliga a los habitantes de Yucatán a vigilar que se cumpla el ofrecimiento, y que tampoco falten los recursos comprometidos por el gobierno del estado. En cuanto al festival internacional “así como se hace el Cervantino”, prometido para la reapertura, tal vez sea necesario recordar que el Peón Contreras albergó varios programas del Otoño Cultural, que en su momento competía con el célebre evento que se lleva a cabo en Guanajuato. De esa dimensión es la ausencia del recinto.
Edición: Estefanía Cardeña