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Para leer en voz alta

Cauces del Tiempo
Foto: Flor Canché

Flor Canché

En México, las políticas educativas “bilingües” (siglo XX) se han implementado mediante cursos de lectoescritura de la lengua originaria impartidos en español. Estas políticas han dejado de lado la oralidad de las lenguas indígenas y la enseñanza del español como segunda lengua, al tiempo que han ignorado la historia de discriminación hacia estas lenguas y sus hablantes. El resultado de dichas políticas se ilustra a continuación. Aprovecho este espacio para agradecer a quienes, durante mis trabajos de investigación y acompañamiento docente (2012–2025), compartieron conmigo sus historias y desafíos. Asimismo, expreso mi reconocimiento a las y los colegas que hicieron posible este acompañamiento.

Corre el año 2001. Mar, una adolescente de Tihosuco, toma clases bajo un techo de bovedillas. La maestra lanza una pregunta, la joven cree tener la respuesta…calla.  Sabe que, si habla, se burlarán de ella... La pregunta llega de nuevo, su mano es independiente y, ya está levantada. Entonces, se escucha una voz burlona: “ella no sabe español”. 

En esta escena observamos la desvalorización de la lengua maya, expresada mediante la burla hacia Mar. Además, en su comunidad, un lugar frecuentado por turistas e investigadores sociales, ella es vista como una joven exótica por los visitantes. Es decir, su valor radica en su condición de objeto de observación, no como sujeta. El carácter economicista del desarrollo capitalista resulta así evidente.

De 2001 a la fecha, las políticas educativas se han caracterizado por proclamarse “interculturales”, lo que en la práctica suele traducirse en actividades conmemorativas, como el Día Internacional de la Lengua Materna, los concursos del Himno Nacional o las celebraciones del Día de Muertos. El resto del año, las personas hablantes de lenguas originarias continúan siendo minorizadas mediante el uso predominante del español como lengua de instrucción y comunicación. En las universidades, más allá de las ocasionales ceremonias de solicitud de permiso a los yuumtsil-les (dioses), se obliga al estudiantado a integrarse a una sociedad monolingüe, monocultural, hegemónica y patriarcal, al no generar espacios para su profesionalización en la lengua originaria ni promover una formación intercultural que incluya las demás lenguas (español, inglés u otras). La interculturalidad permanece en el discurso y en los documentos, pero su práctica sigue siendo limitada y displicente.

Es el año 2012. Una mujer llora porque cursa su último año de licenciatura, pero ha reprobado inglés y también maya, si no los aprueba, no podrá graduarse. Además, sus últimos reportes en español tienen muchas marcas rojas; “no entiendo lo que me quieres decir”, “escríbelo de nuevo”.

La mujer de la escena anterior pertenece a la primera generación de estudiantes de la Universidad Intercultural Maya de Quintana Roo (UIMQROO), una de las universidades interculturales creadas bajo un modelo que asigna funciones diferenciadas a las lenguas. De acuerdo con Casillas, las indígenas se conciben principalmente como objeto de revitalización, el español como medio para la formación profesional y el inglés como herramienta para acceder a las tecnologías contemporáneas. A mi juicio, esta separación resulta equivocada, pues obstaculiza procesos de enseñanza-aprendizaje y limita las prácticas interculturales. En años recientes, en México se han registrado casos de estudiantes que han defendido sus tesis en su lengua originaria y de docentes que fomentan el uso oral de estas lenguas mediante su propia práctica. Sin embargo, se trata todavía de experiencias aisladas. Aún estamos lejos de construir una sociedad intercultural integrada por hablantes verdaderamente plurilingües.

Estamos en 2025. Un grupo de jóvenes universitarios mayahablantes próximos a presentar su examen de grado, y a competir por una plaza como docentes, se expresan en el tsikbal; -[le káastelano’] “(...)tene', yaan óorae' yaan in ch'a'ik ka'ap'éel lecturaa ti', ti'al in éentendertik, wa ma'e' tak óoxp'éel lecturaa, … Tumen yaan óorae'…Ma' bey úuchik in na'atik teno', ma' bey u explicartik [le ajka’ansajo’] (…)”-[le maayao’]: Je’el in xokike’, pero istikyaj ken k na’atej, tumen como ma’ jach k ojel k xoke’.

Esta escena evidencia la preocupación por la poca compresión lectora en maya y en español de universitarios mayahablantes de la UPN-Peto. Estos jóvenes pronto tendrán a su cargo a niños de preescolar y primaria. Surge la pregunta ¿cómo combatir la educación capitalista, segregacionista? 

Este texto es una invitación a cuestionarnos desde nuestras posiciones de privilegio. Como docentes, desde la educación básica hasta la universidad, investigadores o hablantes de alguna de las lenguas aquí mencionadas (maya, español e inglés), o de cualquier otra, vale la pena preguntarnos: ¿qué estamos haciendo para contribuir a la construcción de una sociedad verdaderamente intercultural? En otras palabras, siguiendo el planteamiento de Catherine Walsh ¿de qué manera estamos descolonizando nuestras propias prácticas? Quiero cerrar con una invitación dirigida a ustedes, in wéet máakile’ex, hablantes de las lenguas originarias de México. Como ha señalado Georgina Méndez, combatir la discriminación y el rechazo epistemológico implica aprender la sintaxis de las lenguas dominantes, no renunciar a las de las lenguas originarias. Hablar las lenguas hegemónicas no significa silenciar las nuestras. Ejerzamos nuestro derecho para contar con recursos humanos hablantes de las 68 agrupaciones lingüísticas en todas las áreas del conocimiento.

Flor Canché, es lingüista del centro INAH Yucatán, [email protected]

Coordinadora editorial de la columna: 
María del Carmen Castillo Cisneros, antropóloga social del Centro INAH Yucatán.

Lea, de la misma columna: Lo decolonial y los museos

Edición: Fernando Sierra


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