Opinión
La Jornada Maya
29/07/2026 | Mérida, Yucatán
Las estadísticas tienen, entre otras características, la particularidad de servir como índices del desempeño de las personas e instituciones en un momento determinado. En toda evaluación, resulta básico comparar los objetivos planteados al inicio del proceso para estar en condiciones de medir el avance correspondiente, y esto se realiza en el ámbito escolar, laboral y por supuesto, en el gobierno.
En México, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) es el encargado de realizar distintas mediciones que eventualmente remiten a la toma de decisiones desde los gobiernos. En esta ocasión ha tocado el turno al Indicador Trimestral de la Actividad Económica Estatal (ITAEE), que confirma a Campeche como la entidad con la mayor baja en este rubro en el período de enero a marzo de 2026, y además trae inercia de caída desde el año pasado.
En la península de Yucatán, los otros dos estados tuvieron mejores resultados: Quintana Roo experimentó una baja, pero del 2.6 por ciento, mientras que Yucatán consiguió un aumento de 2.2 por ciento. Ninguno es espectacular, si se toma en cuenta que las tres entidades tienen gobiernos emanados de Movimiento Regeneración Nacional (Morena), entonces se llega a la hipótesis de que a pesar de comulgar con una misma idea de ejercicio de la autoridad, las variaciones que se pudieran tener en la aplicación de políticas llegan a producir efectos negativos para la población.
En el caso de Quintana Roo, resultaría justo decir que la baja en la actividad económica obedece parcialmente a la voracidad empresarial que ha empujado a uno de sus destinos, Tulum, prácticamente al abandono por parte del turismo, y por otro lado a la presencia del sargazo, como efecto del cambio climático. Para Yucatán, puede decirse que se ha mantenido una inercia de crecimiento, de nuevo sin dar un salto cuantitativo, pero sí para continuar con una tendencia positiva.
Evaluar a Campeche, entonces, implica que debe revisarse el comportamiento económico a partir de decisiones políticas, y aquí es donde se impone cuestionar qué es aquello a lo que el gobierno que encabeza Layda Sansores Sanromán ha hecho para mejorar la calidad de vida de los campechanos en términos de ingreso y poder adquisitivo.
En efecto, el principal incremento que registró Campeche está en el sector primario: agricultura, ganadería y pesca. Pero aun ahí se ubicó por debajo de Yucatán y Quintana Roo. Esto quiere decir que aumentó la producción de alimentos y su comercialización, pero si se combina con las actividades secundarias, las que transforman materias primas en productos terminados o bienes de consumo, hay una baja del 6.7 por ciento; mientras que en el sector servicios hubo otra caída, del 1.6 por ciento; lo que significa que menos personas pueden adquirir lo que se produce. Esto es, pues, un indicador de lo conseguido por el gobierno de Sansores Sanromán en cinco años.
A casi 10 meses de que se celebren los comicios para renovar la titularidad del Ejecutivo en esa entidad, ha surgido la pregunta de cuáles han sido las prioridades del primer gobierno de Morena, el que rompió la hegemonía del Partido Revolucionario Institucional (PRI) en Campeche, cuando las obras y resultados son polémicos. Entre las últimas podemos mencionar la instalación de un “barco pirata” luminoso en el malecón, anunciado como atractivo turístico, pero que a lo mucho califica como elemento estético y no constituye, por ningún motivo, un referente que llame a visitantes y mucho menos motive la pernocta.
Entonces, en el momento en que la ciudadanía campechana pretenda evaluar al primer gobierno de la 4T en la entidad, seguramente recordará situaciones polémicas, como la huelga de policías, el arresto violento contra un periodista, o que el dinero no se utilizó en espacios que sí atraían turismo, como el Museo del Centro Cultural el Palacio o el videomapping. Luego revisará sus bolsillos y comprobará si la actividad económica estatal siguió cayendo al paso del jaguar.
Edición: Fernando Sierra