Opinión
Julio Hernández López
07/08/2026 | Ciudad de México
¿Hasta dónde llegará el “reanálisis” de la Fiscalía 4T de justicia respecto al caso Ayotzinapa? ¿Quedará solo en la detención y procesamiento del ex gobernador de Guerrero, Ángel Aguirre Rivero, y algunos personajes menores? ¿Escalará el renovado ánimo justiciero hasta Enrique Peña Nieto (Los Pinos), Miguel Ángel Osorio Chong (Gobernación) y Salvador Cienfuegos (Sedena)?
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“Justicia tardía es justicia denegada”, reza una máxima jurídica y, en el caso de Aguirre Rivero, la tardanza ha sido enorme. En cuanto se conoció la dimensión de lo sucedido en Iguala, Guerrero, entre el 26 y el 27 de septiembre de 2014, fue natural preguntar cuál había sido la responsabilidad, por acción u omisión, del jefe político y administrativo de la entidad. La presión y los señalamientos fueron tantos que no cumplió un mes más en el cargo luego de los acontecimientos: el 23 de octubre envió su solicitud de licencia y el 25 la aprobó el Congreso estatal.
Aguirre Rivero había sido hasta ahora un ejemplo de la impunidad de altos funcionarios en el caso Ayotzinapa. El domingo 25 de agosto de 2024 dijo, muy ufano, en un acto público, al anunciar que su grupo político, Izquierda Progresista Guerrerense, se separaba del Partido de la Revolución Democrática (para coquetear con Morena y sus candidaturas): “Ya se van a cumplir 10 años de los lamentables acontecimientos (de Iguala)... durante estos 10 años no se me ha fincado ninguna responsabilidad, absolutamente de nada”, pues “nunca jamás tuve contacto alguno con ningún grupo de la delincuencia organizada en Guerrero, ni antes ni después” (nota de Jesús Guerrero en Amapola: https://goo.su/l2dBFj3).
Había llegado al PRD en 2010, sin afiliarse de inmediato, horas después de que el Partido Revolucionario Institucional le hubiera negado la candidatura a gobernador de Guerrero, la cual el tricolor entregó al entonces beltronista Manuel Añorve Baños. Aguirre Rivero, a nombre del sol azteca, el Partido del Trabajo y Convergencia (ahora Movimiento Ciudadano), ganó el poder estatal. Después de su salida forzada, siempre caciquil, mantuvo presencia en su región, con su natal Ometepec como punto de referencia.
Ayer, a 51 días de que se cumplan 12 años sin verdad ni justicia en el caso de los normalistas desaparecidos, fue aprehendido Aguirre Rivero. Ernestina Godoy, titular de la Fiscalía General de la República (FGR), informó que dos testigos habían acusado este año al exgobernador de haber ordenado la destrucción de evidencias de lo sucedido en la Noche de Iguala.
En concreto, la FGR se refiere a las videograbaciones correspondientes a “las cámaras de seguridad números 12 y 15 del exterior del Palacio de Justicia del Estado en Iguala”. Godoy afirmó que “el ocultamiento de grabaciones fue el resultado de una operación dolosa y deliberadamente estructurada desde la cúpula del Poder Ejecutivo estatal”.
La detención del exgobernador aporta a Palacio Nacional la posibilidad de argumentar que se va avanzando en el esclarecimiento de los hechos, con la vista puesta en el 12.º aniversario, el próximo 26 de septiembre. Pero este golpe (que también afecta a Beatriz Mojica, aspirante a la candidatura guinda a gobernar Guerrero) exigiría congruencia en relación con otros personajes de similar impunidad prolongada.
La agencia del Ministerio Público Federal que lleva el caso contra Aguirre aseguró que el giro actual se ha dado “como parte del nuevo modelo de investigación y el reanálisis de las actuaciones existentes”. Aunque sea tarde y con visos de justicia denegada, es positiva la aprehensión del exgobernador, pero habrá de verse si hay congruencia en este escenario de “reanálisis” y se actúa contra Peña Nieto, Osorio Chong y Cienfuegos.
Y, mientras Palacio Nacional avanza en el lanzamiento “científico” del fracking “bueno”, o “menos malo”, en ciertas zonas y con requisitos que incluyen consultas a las comunidades para obtener su consentimiento (la planta de amoniaco de la Bahía de Ohuira podría ofrecer franquicias de métodos para tales consultas), ¡hasta el próximo lunes!
Edición: Emilio Gómez