Opinión
Óscar Muñoz
21/09/2026 | Mérida, Yucatán
El pasado 10 de septiembre fue celebrado el Día Internacional para la Prevención del Suicidio, que fue establecido por la Organización Mundial de la Salud y la Asociación Internacional para la Prevención del Suicidio en 2003. Sin embargo, en México no hubo la suficiente resonancia que debió tener, principalmente por los altos índices de suicidio infantil y juvenil en los últimos años. De acuerdo con los datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, el suicidio de infantes y adolescentes se ha duplicado en veinte años, pasando de 2 a 4.6 por cada 100 mil habitantes. En 2024, el suicidio infantil alcanzó la cifra de casi 730 casos reportados, que son niveles históricamente altos.
Ante esta situación, sin que muchos hagan mucho para prevenir el suicidio entre la población infantil y juvenil, vale la pena destacar algunos esfuerzos individuales de algunos preocupados por este problema que han contribuido en la prevención de este flagelo. Es el caso del empeño que emprendió recientemente Víctor Belmont, actor y director de teatro muy reconocido en Yucatán, respecto de la necesaria prevención del suicidio juvenil. Para ello, escribió una adaptación de Romeo y Julieta, de William Shakespeare, para teatro guiñol e hizo la puesta en escena de la misma principalmente en escuelas secundarias. La obra la tituló Romeo y Julieta: ¡Escuchen mi silencio!, que había sido programada para el próximo 25 de septiembre y la entrada sería gratuita.
Sin embargo, Víctor Belmont no podrá presentar la obra, ya que falleció el pasado 19 de septiembre. Esta desgracia puede ser vista desde varios ángulos: por una parte, muere un hombre entregado a lo suyo toda su vida, que fue el teatro; por otra parte, fue un docente excepcional, muy reconocido en diversas escuelas y colegios de Mérida; además, siempre destacó por su labor como museógrafo en el Museo de Arte Contemporáneo Ateneo de Yucatán (Macay) y como director operativo del programa Chuumpajal (escuela itinerante de arte para niños), del mismo Macay, amén de otras destacadas actividades. A consecuencia de su trayectoria tan relevante en el teatro, Víctor recibió el Premio Estatal de Dramaturgia Wilberto Cantón.
Romeo y Julieta: ¡Escuchen mi silencio!, de Víctor Belmont, surgió a partir de una razón poderosa de carácter social, que es el suicidio infantil y juvenil y las preocupaciones derivadas del mismo. Ante la gravedad de esta situación, el actor decidió realizar una obra de teatro guiñol basada en Romeo y Julieta. Y para cumplir el propósito de prevenir realmente todo suicidio juvenil, Víctor Belmont incorporó en su proyecto una sesión psicoterapéutica con el auditorio de adolescentes en torno del suicidio infantil y un cuaderno de trabajo impreso (en el que colaboramos Claudia Berea y yo), donde los alumnos de educación media resolverían diversos ejercicios, todos ellos orientados a la prevención del suicidio y, ante una situación alarmante, la solicitud de ayuda para ofrecerla de inmediato.
Cabe destacar que Víctor, nuestro gran amigo fallecido, registró su proyecto ante diversas convocatorias, tanto nacionales como estatales, pero ninguna se detuvo a revisar con detenimiento la propuesta y nadie le ofreció el apoyo solicitado. Sin embargo, Belmont no claudicó, y siguió insistiendo ante distintas instituciones de la importancia trascendental de los propósitos de su propuesta, y también continuó ofreciendo la presentación de su obra en diversos foros, ya fueran escuelas o, incluso, hoteles de la iniciativa privada. Lo preocupante fue la falta de interés de las autoridades educativas y culturales para voltear a ver esta y otras obras que buscan contribuir en la prevención del suicidio infantil y juvenil en Yucatán, en México y el mundo.
Por desgracia, la muerte de Víctor Belmont silenció su preocupación y su propuesta. Tiene mucha razón Claudia Berea (colaboradora del cuaderno de trabajo que Víctor nos solicitó diseñar para incorporarlo en su proyecto), quien afirma: "Ojalá que la permanencia del silencio de Víctor se escuche y sirva para que muchas voces de niños y jóvenes no callen”. Y sí, ojalá alguna institución pública o privada rescate la última obra del actor para montarla en todos los espacios públicos posibles. Sí, ojalá algunos alcancen a escuchar el silencio de Víctor.
Edición: Estefanía Cardeña