Opinión
Óscar Muñoz
14/09/2026 | Mérida, Yucatán
El pasado 9 de septiembre, en el Museo de la Ciudad de Mérida, fue inaugurada, más que una exposición de artes visuales, una exhibición de intimidades propias de la habitación más entrañable de una casa: el dormitorio. Esta relación dialéctica entre el lugar más privado de un hogar y el sitio más público de una ciudad, como lo es un museo, sacude a los espectadores que miran y admiran la instalación de Elena Martínez Bolio. Y es que T’eep, además de significar sacudida, refiere sábana (como sustantivo) y taparse (como verbo). En este caso de la exposición de Elena, son los tres significados: las sábanas que sirvieron para taparse y la sacudida de intimidades que se les impregnan.
La instalación, que incluye diversas exposiciones alrededor de la sábana, abarca varias habitaciones, todas ellas dormitorios, que han perdido su privacidad para revelarse a la observación pública. La intimidad y hasta el alma misma quedan infiltradas en las sábanas todos los días de la vida de las personas, desde que nacen hasta que mueren. Y durante el transcurso de la vida, la sábana nos protege de cualquier mal, sea éste una enfermedad física o hasta un hechizo mágico. Por ello, para despegar todo mal que haya quedado impregnado durante la noche, cuando la gente durmió, es necesario levantar la sábana y sacudirla para un nuevo uso en la siguiente noche, y si fuera necesario, luego de sacudirla, tenderla al sol para mayor purificación.
Sin embargo, no sólo de vida cotidiana vive la sábana; también es impregnada por los sueños de las personas, que son otro tipo de vida o, mejor dicho, otra dimensión de la vida misma. Y la sábana es testigo fiel de esa vida onírica, donde ocurre lo que no puede suceder en la vida cotidiana, donde el soñador es diferente al que duerme, no sólo porque está activo, a diferencia del que descansa, sino porque puede tener otra fisonomía, otra personalidad, otra intimidad. De ahí que sea importante sacudir la sábana luego de despertar, ya sea para que sean desbaratadas las pesadillas que hayan atormentado al soñador o para impregnarse uno mismo de los sueños maravillosos que haya disfrutado.
Y ahí están, expuestas al público, las sábanas de Elena en una instalación aparentemente privada, pero abiertamente pública, en el Museo de la Ciudad de Mérida, donde los visitantes encontrarán las recámaras, el dormitorio del bebé (tapado con una sabanita), las siluetas femeninas marcadas sobre las sábanas, las camisas del señor (planchadas y dobladas sobre las sábanas), las oraciones religiosas a un lado de las sábanas, las almohadas almidonadas para las hadas de la noche, entre otras imágenes, todas bordadas, dibujadas con hilo, marcadas con el sello característico de Elena. En otro espacio del mismo piso del museo, está el tendedero de sábanas, donde cada una incluye un texto lírico, entre haikus y poemas, reflexiones imprescindibles y sueños fantásticos.
Estas sábanas de Elena, más que de tela, están hechas de nacimientos y muertes, tristezas y alegrías, enfermedades y placeres. Sus tejidos no son solo hilos, también hay hebras de vida, filamentos de sucesos cotidianos y oníricos y muchas briznas de amor. Todo es mostrado en esta instalación, ya sea sobre las camas, los burós y las cómodas; bajo el dosel de algunas camas; junto a las lámparas de noche o la cuna del bebé, o en los tendederos de afuera y bajo las nubes de algodón que penden del techo. Parece que el recorrido que hacen los visitantes es en las distintas habitaciones de una casa, pero no; la ruta pasa por las diversas dimensiones del mismo dormitorio. En cada espacio, está exhibida una de las tantas perspectivas que puede tener una recámara.
En esta exposición fue colocado, en una sábana, un texto, que es un poema mío y que Elena incluyó en el tendedero de sábanas, por lo cual le agradezco el honor de haberme permitido colaborar con unas imágenes literarias en esta instalación. Además, le agradezco a la artista que haya incluido en un segundo tendedero, más pequeño que el de las sábanas con textos, una imagen que tiene una significación muy profunda para mí. Claro que hay mucho más que agradecimiento, amén del reconocimiento artístico que tiene Elena en este tipo de exposiciones de las artes visuales. No dejen de visitar la instalación de la artista en el Museo de la Ciudad. Quedarán impresionados con el viaje que harán en el primer piso del edificio.
Edición: Estefanía Cardeña