Opinión
La Jornada Maya
10/08/2026 | Mérida, Yucatán
Este lunes, en La Jornada Maya ofrecimos una edición que, para nosotros como equipo, resultó particularmente especial, ya que estuvo dedicada por completo al Día Internacional de los Pueblos Indígenas. Al presentar el número en el idioma maya yucateco, nos convertimos, sin intención, en el primer diario en publicar más de la mitad de su contenido en una lengua originaria. Durante el siglo pasado surgieron revistas literarias que consiguieron aparecer en maya, pero se trata de esfuerzos editoriales muy diferentes.
Hacer esto tuvo un propósito: tender un puente, propiciar un encuentro entre quienes habitamos la península de Yucatán a partir de la experiencia que supone la lectura. No se trató de crear una situación de “el mundo al revés”, sino de vivir lo que la cuarta parte de la población del país experimenta todos los días: tener enfrente a un interlocutor que no alcanza a comprehender la cultura del otro; el poder palpar la información del día sin tener el conocimiento para asimilarla.
Tampoco negaremos que se trató de una autoafirmación como medio: al poner la palabra “Maya” después del nombre de La Jornada, queremos establecer una diferencia con muchos que utilizan la palabra con tal de adjudicarse una identidad, pero no necesariamente una esencia; fuimos en busca de un mensaje de nuestro director fundador, Fabrizio León Diez, cuando se le preguntaba por el origen de la franquicia. “Venimos a hablar con los mayas, no acerca de ellos”, es su respuesta.
Es también un justo homenaje a K’iintsil, nuestra contraportada, y a Sasil Sánchez Chan, quien desde el principio ha estado a cargo de su contenido y diseño, y quien cada día nos demuestra que ser maya es presencia en este mundo. Que la información sobre la ciencia, la política nacional e internacional, los deportes, la música, la literatura en todas las lenguas, no tiene por qué ser ajena a nadie, y menos por causa del origen étnico y el idioma que se hable cotidianamente.
Una edición provocadora, sí. Pero la intención fue llevar a una reflexión profunda sobre la población a la que históricamente se le ha querido obligar a entender el mundo en los términos de una cultura ajena; hacia cómo se ha querido crear una identidad regional, mestiza, haciendo énfasis en “blanquear” y hacer a un lado un idioma sumamente rico que por algo ha resistido más de tres siglos a la presencia de otras lenguas; a lo limitada que está la información básica para muchas personas, especialmente en lo que respecta a trámites oficiales, la atención a la salud y el acceso a la justicia, y sobre el papel y responsabilidad que tenemos los medios de comunicación al momento de difundir esta información.
Un número no hace verano, pero sí es un indicador de lo que hemos avanzado en esta década, particularmente cuando alguien nos comentó que, a su parecer, K’iintsil era un desperdicio. En este tiempo, hemos recolectado historias que nos han inspirado a dirigirnos en sentido contrario, como la del empleado del aeropuerto que pidió un ejemplar para leerle a su abuelita el contenido en maya. Mientras una noticia en ese idioma siga propiciando el acercamiento entre personas, habrá una razón para continuar creando, traduciendo, diseñando y publicando; nos toca seguir siendo un espacio a la altura de esos encuentros y, esperemos, donde las culturas puedan convivir más allá de las palabras.
Edición: Fernando Sierra