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Foto: Ap

El 12 de julio de 2026, Elon Musk se convirtió en el primer billonario de la historia de la humanidad. Al día siguiente, el 13 de julio, se reportó, por primera vez, una nube de fuego en Francia, un pirocimilonimbo, uno de los eventos atmosféricos más aterradores. 

La ‘fortuna’ de Elon Musk se estima en $1,000,000,000,000 dólares. Le tomaría casi 3,000 años gastar todo su dinero, si gastara un millón de dólares por día (aunque su fortuna estimada bajó después del 12 de julio). La de Carlos Slim y familia se estima en $125,500,000,000 dólares. A él le tomaría más de 300 años gastar todo su dinero, si gastara un millón de dólares por día, o 18,700,000 de pesos mexicanos al día.

Mientras tanto, el mundo se seca, se quema y se inunda simultáneamente. 

Debemos temer a lo que hacen los billonarios y millonarios, porque su interés rapaz, desquicia al mundo. 

Italia vive su cuarta ola de calor, con todas sus 27 ciudades más importantes en alerta máxima. En julio se dio la mayor evacuación de personas en Francia desde la Segunda Guerra Mundial. Más de 90 mil hectáreas se achicharraron en Francia, y más de 200 mil en España, en solo unos días. En total, han evacuado a casi medio millón de personas por las olas de calor e incendios intensos en Europa. Las llamas de los incendios en Francia y España, llegaron a una altura de 100 metros. Los bomberos arrojaron miles de galones de agua desde aviones, agua que se evaporó por el calor, antes de siquiera de tocar las llamas. El 13 de julio, se vio en el cielo la primera nube de fuego (pirocimilonimbos) en Francia. Estas son nubes de tormenta generadas por incendios extremos que se forman cuando el aire caliente de un incendio se eleva lo suficiente (inclusive en la estratósfera) para que el aire se enfríe y se condense.

Estas nubes generan rayos que inician nuevos incendios a decenas de kilómetros de distancia del foco original. Generan tornados de fuego y crean su propio clima, haciendo que el incendio se vuelva aún más intenso y difícil de controlar. 

Los pirocimilonimbos, antes ocurrían en lugares como Australia y Canadá, pero ahora se están extendiendo, en tiempo y en espacio, debido al cambio climático. 

Aunque menos sonado, porque los medios ocultan el fenómeno y le dan prioridad a noticias europeas, la crisis climática está atacando fuertemente a otras regiones del mundo. A principios de julio cayeron más de 40 cm de lluvia, en 24 horas, en Bangladesh, provocando inundaciones de gran extensión. El tifón Maysak inundó partes de Guangxi, China, arrasando con todo a su paso, incluidas granjas de serpientes venenosas, las cuales se fugaron. Y van más de 100 muertos y 300 heridos en Pakistán por las inundaciones causadas por las lluvias monzónicas. El tifón Noul provocó la evacuación de más de 800 000 personas en Guangdong, China.

Pero que exista un Elon Musk en el mundo es más aterrador que un pirocimilonimbo en Francia.

En junio de 2026, llegaron cerca de 4 millones de turistas a París. Personas probablemente convencidas de que visitar París sería una experiencia inolvidable, que podrían transmitir a través de post entusiastas, y, de esa manera, generando ganas de visitar París en otras personas, a través de Twitter (ahora X).

Como un bucle interminable, Musk hace más dinero de X; más algoritmos muestran fotos de viajes inolvidables por Europa; más vuelos llegan allá, lo que produce mayor contaminación, otros pirocimilonimbos y más sequías. 

El 17 de julio pasado, el presidente Donald Trump amenazó a Canadá con imponer aranceles por los incendios que contaminan el aire del noreste de Estados Unidos. 

Por primera vez, estoy de acuerdo con la lógica de Trump. 

Ocho empresas petroleras –Aramco, BP, Shell, ExxonMobil, Equinor, TotalEnergies, Eni y Chevron, se han embolsado más de 700 mil dólares por minuto, entre marzo y mayo, como resultado de la guerra que Donald Trump ha desatado contra Irán. 

Los supertifones se deberían llamar “Elon Musk”, “Dunald Trump”, “Boeing”, “Elbit”, “Zara”, “Aramco” y “Citi”, para nunca olvidar que hay personas, naciones e instituciones que lucran con las guerras, los genocidios y el turismo invasivo. 

Son lo que generan y aumentan el calentamiento global y los ciclos viciosos que lo retroalimentan.

En un mundo con mayor justicia, deberían indemnizar a países y personas damnificadas por las malas acciones de su ambición desmedida.

¡No hay justicia climática sin justicia social!



Edición: Fernando Sierra


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