Opinión
Rubén Torres Martínez
17/08/2026 | Ciudad de México
El auto personal ha sido durante décadas el principal protagonista de la movilidad en Mérida. El crecimiento urbano, de la población y una estructura espacial dispersa consolidaron un patrón urbano donde el auto parece necesario. Este paradigma comienza a agotarse: congestiones vehiculares, desplazamientos largos, contaminación, ruido y un sostenido deterioro en la calidad del espacio público.
Durante varios años, las autoridades locales han buscado implementar políticas públicas para corregir esta situación. Entre los principales proyectos se encuentran el Va y Ven y la red de ciclovías.. Ambos han dado lugar a debates sobre su pertinencia, costo y la manera en que se construyeron. Pero reducir la discusión a la confrontación política es estéril. La implementación de la mayoría de las políticas públicas da lugar a resultados que no son tan simples como el éxito o el fracaso.
El Va y Ven es quizás la apuesta de modernización más significativa en décadas. Acceder a unidades nuevas, equipadas con aire acondicionado, accesibilidad para personas con discapacidad, sistemas de geolocalización y pagos electrónicos, son pasos importantes en una política pública que busca modernizar la movilidad. Igualmente, se debe reconocer la reorganización de ramales y rutas con la intención de crear una red más conectada y eficaz.
Sin embargo, sus resultados aún son medianos. Aunque ha mejorado la experiencia de miles de usuarios, persisten retos de cobertura territorial, tiempos de espera, frecuencia del servicio y conectividad hacia colonias periféricas, comisarías y municipios alejados. A ello se suma el aumento de los costos de operación, que plantea dudas sobre la sostenibilidad financiera del modelo.
El Va y Ven ha demostrado que un mejor transporte público es posible, pero difícilmente puede afirmarse que sea todavía una alternativa para quien hoy usa un automóvil particular.
Sucede algo parecido con las ciclovías, criticadas desde su construcción. Se cuestionó el trazado, la demanda de ciclismo en la ciudad y no faltaron palabras despectivas para referirse a una infraestructura que parecía subutilizada. No obstante, el tiempo ha mostrado que parte de la población ha optado por la movilidad no motorizada para trasladarse al trabajo, la escuela o realizar actividades recreativas.
Las ciclovías, aun cuestionadas, representan un avance hacia una movilidad más diversa y sustentable. Además, nos recuerdan que las calles no son sólo para autos. La bicicleta ya no se limita a lo lúdico y, poco a poco, se convierte en una alternativa para la movilidad urbana.
Ambas políticas son alternativas a una cultura arraigada de dependencia del automóvil. Tener coche en Mérida continúa siendo entendido como sinónimo de comodidad, estatus y seguridad, lo que también explica el aumento constante de la flota vehicular.
Frente a otras ciudades del país, Mérida mantiene un nivel de movilidad vehicular aún manejable y sus condiciones geográficas favorecen la movilidad activa no motorizada. Aprovechar esa ventaja requiere una visión de largo plazo y un cambio cultural.
Los gobiernos, estatal y municipal, deben comprometerse con el transporte público, actualizar constantemente ramales y rutas del Va y Ven, además de mantener vehículos en condiciones dignas para el usuario. Se debe consolidar una red real de ciclovías y andadores pavimentados y seguros, adecuados para bicicletas y personas peatonas. También es necesario reconocer que muchas personas todavía dependen del automóvil.
No se trata de librar una guerra sin cuartel contra el coche, sino de ofrecer a los ciudadanos otras opciones que les permitan desplazarse de forma segura y cómoda. Cada trayecto que se puede hacer a pie, en bicicleta o en transporte público significa un coche menos en las calles, menos emisiones y una mejor calidad de vida para toda la comunidad.
Mérida se encuentra en un punto de inflexión. El uso indistinto e irracional del automóvil reproduce algunos de los desafíos que aquejan hoy a gran parte de las ciudades del país. Una moderación gradual en su uso, sin demonización; el fortalecimiento de esas alternativas ya existentes y una evaluación racional de las políticas implementadas, Va y Ven y ciclovías, permitirán generar una ciudad más ordenada, saludable, sustentable y competitiva.
Edición: Ana Ordaz