Opinión
Felipe Escalante Tió
20/08/2026 | Mérida, Yucatán
Hay quienes ven la actividad política como si se tratase de un espectáculo. Entre estos individuos abundan periodistas e historiadores. Esto se debe a que, por más que se quiera ser analítico y tratar con seriedad los temas, promesas y decisiones que terminarán impactando en la vida colectiva, la realidad puede terminar ofreciendo episodios frívolos, involuntariamente cómicos y hasta surrealistas.
En la historia de Yucatán, uno de los acontecimientos que dejaron una gran cantidad de testimonios, tomando en cuenta la población alfabetizada que existía y el número de periódicos que surgieron, fueron las elecciones de 1897, cuando surgió casi media centena de periódicos de diferente corte… aunque el negocio se lo repartieron unas cuantas imprentas.
Ese proceso electoral fue mucho más complejo de lo que posiblemente se ha podido abordar (hasta por el que firma esta columna) y resulta injusto plantearlo en términos de “peoncistas” (partidarios del gobernador Carlos Peón Machado) y “cantonistas” (seguidores del general Francisco Cantón Rosado), y mucho menos reducirlo a un enfrentamiento entre “liberales y conservadores”, que fue lo que se quiso manejar en la prensa de la época. Cuando se revisan esos periódicos, se encuentran muchos nombres de personajes destacados tanto en el siglo XIX como hasta bien entrada la centuria pasada.
Pero incluso si se quiere analizar el acontecimiento yendo de lo general a lo particular, es la caracterización de cada bando. En la prensa satírica cantonista encontramos, por ejemplo, el poema “Truenos de Kay Cimen”, que apareció publicado en El Pincha Sapos, el 30 de mayo de 1897. La portada de ese mismo primer número es una caricatura que sintetiza, según la oposición, cuál sería el futuro si se mantenía en el poder el grupo que se encontraba gobernando:
En la imagen, un personaje semidesnudo y en los huesos enfrenta a una serpiente constrictora de dos cabezas. Una es el gobernador, Carlos Peón, y la otra aparenta ser el tesorero del estado, Albino Manzanilla. En el diálogo, las “cabezas” están llegando a un acuerdo: no importa cuál le hinque el diente a la víctima, pues el bocado irá al mismo buche.
Pero volviendo al poema, a pesar de lo extraño del título, es relativamente simple en su argumento, pero la técnica sería un reto para cualquier propagandista político hoy en día, pues se trata de un poema en octavas de arte mayor, también llamadas octavas italianas. Cada verso consta de once sílabas con rima ABABABCC. Ni los que hacen la bomba de La Jornada Maya se animan a algo así.
Y detrás de esos 32 versos hay únicamente una intención de burlarse del adversario que se dice a sí mismo honorable, aunque ha sacrificado la dignidad por buscar el frijol y las tortillas. Pero eso sí, se angustia nada más de verse cesante y se da valor con “un trago de habanero”. Como homenaje al arte perdido de la poesía de campaña, hoy dejamos estos versos. Hay muchos más, pero pertenecen a otras notas:
Truenos de Kay Cimen
Jamás la adulación me arrancó un canto.
Sólo cantó tratándose de empleo,
Y en los versos y berzas me recreo
Que siembro en el jardín del Campo Santo.
Si me quitan de Juez, verteré el llanto,
Si no me quitan… pues habrá jaleo,
Que sólo escribo cartas y versitos
Para dar de comer á mis hijitos.
¿Qué voy a hacer si llego a estar cesante?
¿Dónde busco el frijol y las tortillas
que tienen tan difícil consonante
Y que no se hacen como hacer letrillas?
¿Venderé mis asientos y mi estante
Y pediré pesetas a hurtadillas?
Al pensarlo no más siento el amago
de la próxima muerte y… tomo un trago.
Me siento entre la cumbre y el abismo
Próximo a hundirme como barca rota.
Jugue al caballo y al venir la sota
No he de poder dar cuenta de mí mismo.
En medio de ese horrendo cataclismo
Sólo quiero agarrarme de una bota.
Llenádmela por dios, querido Albino,
Ya que solo beber es mi destino.
Yo me elevé como se eleva un cohete
Con el fuego de audacias y locura
E insulté las coronas y el bonete
Sin acordarme de mi abuelo el cura.
Hoy si apunto a la sota viene el siete
Porque es mi suerte atravesada y dura
¡Adiós amigos… siento que me muero!
Pero antes dadme un trago de habanero.
Edición: Estefanía Cardeña