Opinión
La Jornada
10/09/2026 | Ciudad de México
Amor que no se expresa en el presupuesto no es amor, suele decirse cuando se leen los paquetes fiscales en busca de la coherencia entre lo que suelen afirmar los funcionarios y lo que indica la frialdad de los números. Lo cierto es que los paquetes económicos (ley de ingresos y ley de egresos principalmente) suelen revelar que las matemáticas financieras son sumamente políticas.
En estos momentos, la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión ya cuenta con el paquete económico 2020 y mientras tanto el Ejecutivo, en voz de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, ya ha apuntado que los documentos tienen dos grandes intenciones: combatir la evasión y la elusión fiscal sin aumentar impuestos, y avanzar hacia la formalidad económica. En otras palabras, la receta es una que se pedía desde hace mucho tiempo: ampliar la base contribuyente.
En esta ocasión intervino un secretario que ha tenido muy pocos reflectores encima, a diferencia de varios de sus antecesores. Se trata de Edgar Amador Zamora, titular de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, quien abundó que hay medidas para combatir a las factureras y la evasión fiscal, “teniendo así más eficiencia en la recaudación sin aumentar impuestos”.
Los objetivos de crecer económicamente entre 1.5 y 2.5 por ciento, hacer más eficiente el gasto y reducir el déficit público de 4.1 a 3.9 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) se antojan modestos, aunque realistas si se considera el contexto internacional y la presión inflacionaria que crea la política de Donald Trump en el mundo. Por lo pronto, hay un primer respaldo fuerte aunque parcial, por parte de la Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio, Servicios y Turismo (Concanaco -Servytur), que ha encontrado mejores condiciones para las personas y empresas que busquen permanecer en el Régimen Simplificado de Confianza (RESICO), lo que el organismo considera un paso importante para fortalecer la formalidad y el crecimiento de negocios familiares en el país.
En cuanto al combate a la evasión fiscal, seguramente Ricardo Salinas Pliego, dueño de Grupo Elektra, no de agrada en nada servir de ejemplo a su combate; pero bien podría servirle de alivio que llegó a un acuerdo para ponerse al corriente con sus adeudos fiscales, lo que le ha permitido ir saldando mes a mes; algo que la gran mayoría de los mexicanos no podemos, no con su negocio, sino con el Fondo Bancario de Protección al Ahorro (Fobaproa), que llevamos pagando desde hace ya 30 años y todavía no hay un solo abono al capital.
Esta deuda gigantesca absorbe una parte de los ingresos fiscales; es decir, de los impuestos que paga la ciudadanía, y después de tres décadas ya debiera verse cómo se podría usar ese monto destinado a los bancos y que bien podría estarse invirtiendo en infraestructura, desarrollo científico, o algún rubro estratégico para el país y mejorar las condiciones de vida de millones de mexicanos que ya pagamos lo que otros dejaron de cubrir.
Edición: Ana Ordaz