Opinión
Francisco J. Rosado May
14/09/2026 | Chetumal, Quintana Roo
Entre las noticias más importantes de la semana pasada estuvo la difusión de los resultados que México obtuvo en la evaluación PISA. Los resultados no fueron halagüeños.
PISA es el acrónimo en inglés que quiere decir Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes. Es un examen internacional que mide las habilidades y conocimientos que estudiantes de entre 15 y 16 años (edad promedio en que los estudiantes terminan su nivel de secundaria en México) en lectura y comprensión de textos, matemáticas y ciencias. La evaluación se organiza, coordina y aplica por parte de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico, OCDE, de la que México forma parte desde mayo de 1994, convirtiéndose en el 25º integrante, aunque fue el 3ro de Norteamérica en hacerlo, fue el 1º en Latinoamérica.
La prueba PISA se aplicaba cada 3 años, pero solo a una muestra representativa de la población de cada uno de los 91 países que participaron en 2025; 13 de ellos son de Latinoamérica. Del total de países participantes, 38 son de la OCDE. México inició su participación en PISA en el año 2000. A partir de 2025, la prueba se hará cada 4 años.
Los resultados 2025 de la evaluación de PISA para México deja un mal sabor de boca. Algunos medios no dudaron en titular la noticia de que México se ubicó en penúltimo lugar (37 de 38), entre países de la OCDE, en comprensión lectora y ciencias; mientras que en matemáticas obtuvimos el antepenúltimo lugar. El puntaje obtenido en esta evaluación no está muy lejos del que se obtuvo en 2022, aunque los valores están a la baja.
La generación evaluada en 2022 prácticamente está ingresando a educación superior en 2026. Lo que quiere decir que, si no hubo un cambio significativo en educación media superior, al llegar a educación superior los estudiantes muy probablemente muestren problemas en todas las áreas evaluadas en PISA. Y la tendencia en el futuro cercano no es nada halagüeño, asumiendo que se seguirá la inercia actual.
No solo llegan estudiantes a nivel superior con rezagos básicos, sino que lo hacen en un contexto que tiene dos componentes importantes de articular con PISA. Por un lado, está el derecho a la educación; por otro lado, está la presión a las instituciones para aumentar su matrícula. Adicionalmente están los diversos apoyos, como becas, nulo pago de colegiatura/inscripción u otros. Además, de una u otra forma, la inercia de .no reprobar sino facilitar el tránsito de un nivel a otro. Todo esto sin evidencia clara de incremento de financiamiento a educación superior para infraestructura, certidumbre laboral, equipamiento, etc. En medio de situaciones institucionales estructurales que no permiten ni la flexibilidad ni la rapidez necesarios para enfrentar retos que impliquen cambios en planes de estudios o programas de cursos.
Ingredientes de tormenta perfecta, de continuación en el subdesarrollo.
De la resumida lista de retos en educación superior, va una propuesta que concilia el derecho a la educación superior con los magros resultados académicos: implementar o un semestre o un año cero, obligatorio para obtener un título de licenciatura y adicional a los 4-5 años que normalmente contempla un programa educativo.
Propuesta que ojalá sea temporal en lo que los niveles previos al superior alcanzan la calidad necesaria, de modo que el derecho a educación tenga también el calificativo de “derecho a la educación de calidad, medible internacionalmente”.
Punto y aparte.
La otra gran noticia se refiere a la amenaza de la IA a la humanidad.
Es cuanto
Edición: Emilio Gómez