Opinión
José Juan Cervera
23/09/2026 | Mérida, Yucatán
Puede sorprender e incluso despertar suspicacia que un fundador de la antropología mexicana se haya ocupado de temas literarios, sin limitarse a los campos que convencionalmente se atribuyen a aquella disciplina, es decir, a tópicos de carácter étnico y de relaciones sociales. Sin embargo, cuando Manuel Gamio (1883-1960) dedica uno de los capítulos de su libro Forjando patria (México, Librería y Casa Editorial de Porrúa Hermanos, 1916, con reimpresiones subsecuentes) a asuntos relacionados con escritores y sus creaciones, demuestra el sentido profundo de los valores que privilegió tanto en el orden metodológico como en la orientación nacionalista de su obra.
Esto se explica porque su enfoque para estudiar las manifestaciones de la cultura como un proceso integral lo condujo a rechazar el recurso de las parcelas de conocimiento impedidas de sobrepasar sus fronteras, o dicho en otras palabras, abogó por investigaciones de carácter interdisciplinario, tal como lo deja ver en su trabajo sobre la población del Valle de Teotihuacán, dado a conocer en 1922, con el que obtuvo el doctorado en la Universidad de Columbia un año antes; por otra parte, su desempeño profesional estuvo dirigido a buscar soluciones para los problemas prácticos de la sociedad mexicana con una perspectiva infundida por el triunfo de la Revolución sobre el régimen de Porfirio Díaz.
Tales aspectos son recurrentes a lo largo de su trayectoria de científico social, y es por ello que en el volumen mencionado inserta pasajes en los que aborda contenidos históricos, arqueológicos, étnicos, lingüísticos, educativos, administrativos, demográficos, artísticos, industriales y religiosos. En este universo temático, las creaciones literarias participan de los principios que guían su acción y su pensamiento, llevándolo a reflexionar acerca de autores y formas de escritura. Cabe recordar que Gamio no era ajeno a estas inquietudes, puesto que en 1923 publicó la novela corta Estéril en El Universal Ilustrado, y reunió ocho de ellas en el libro De vidas delirantes (México, Ediciones Botas, 1937).
Desde su punto de vista, la literatura va más allá de las definiciones que fija el diccionario de la Academia, y abarca, en cambio, todo “lo que se escribe sobre cualquier materia, sin excepción, pudiendo cada una de ellas presentar determinado aspecto de belleza”, el cual varía según el contexto cultural en que se desenvuelve. Por considerarla de este modo, admite que en ciertas épocas aquello que es reconocido como valor literario puede perder su significado a los ojos de quienes aprecian otro tipo de expresiones escritas en tiempos postreros; esto las hace coherentes con las expectativas y postulados que prevalecen en ciclos históricos condicionados por distintas formas de existencia social.
A partir de un acercamiento esquemático, describe las variaciones que observa entre las preferencias de lectura de unos grupos frente a otros, y toma en cuenta también las fases de la historia que produjeron obras representativas. En este sistema de equivalencias funcionales, acepta la relevancia estética de los cantares y demás muestras de la literatura prehispánica que se conservan en la actualidad, así como de las crónicas de la conquista y del virreinato, los opúsculos y libros escritos durante el inicio del periodo independiente, los textos de autores de la Reforma y de los modernistas de fines del siglo XIX y principios del XX; hace explícita la importancia que guarda la tradición oral y llama a registrar por escrito las nociones que ella transmite.
Gamio observa los contrastes que ofrecen las piezas literarias que circulan entre las élites, las clases medias y los sectores populares, lo mismo que el grado de alfabetización que media entre quienes los conforman; esto lo lleva a conceder la presencia de distinciones cuantitativas y cualitativas en sus respectivos alcances. Sin embargo, fiel a las premisas que sostuvieron su concepción de las ciencias antropológicas, plantea que para dar solidez a la literatura nacional del futuro que avizoraba era preciso situar las aspiraciones y los patrones culturales de los mexicanos de orígenes y formaciones diversas en un todo unificado, algo que, dicho en otros términos, equivale a la integración poblacional del país en un propósito común, esto es, forjar la patria que aún venía en camino.
Edición: Estefanía Cardeña