Opinión
Óscar Muñoz
28/09/2026 | Mérida, Yucatán
Hace cien años que surgió en México una guerra interna inesperada, la Cristiada, como también se le conoce. Esta trifulca histórica fue desatada con la promulgación de una reforma al Código Penal que establecía límites al número de sacerdotes, prohibía la enseñanza religiosa en las escuelas y permitía la confiscación de bienes de la Iglesia. Dicha reforma, conocida como la Ley Calles, ya que fue el presidente Plutarco Elías Calles quien la ordenó, fue publicada en junio de 1926.
Cabe señalar que, en protesta contra esta reforma, la Iglesia católica suspendió los cultos religiosos en todo el país, lo que ocurrió en julio del mismo año. Por estas razones, ciudadanos católicos, muchos de ellos campesinos devotos, se levantaron en armas en el mes de agosto, sobre todo en la región del centro y occidente del país, que incluye los estados de Guanajuato, Jalisco, Michoacán, Querétaro, Colima, Nayarit, Aguascalientes, San Luis Potosí y Zacatecas.
El lema principal de los cristeros, como eran llamados los sublevados contra el gobierno, era “¡Viva Cristo Rey!”, y en algunas ocasiones le acompañaba el lema “¡Viva Santa María de Guadalupe!”. Por este grito de batalla, los que luchaban al lado de la Iglesia católica eran llamados cristeros y a este enfrentamiento contra el gobierno federal ha sido conocido como la Cristiada, que duró de 1926 (hace 100 años) a 1929. Sin embargo, es menester aclarar que, algunos años después, hubo una segunda guerra cristera, ocurrida entre 1934 y 1941, cuando el gobierno federal quiso aniquilar a los últimos líderes cristeros para acabar con todo resquicio de sublevación.
Cabe destacar que, además de los campesinos y rancheros que enfrentaron al ejército mexicano, brigadas de mujeres se organizaron para apoyar en todo a los combatientes cristeros. Aunque, al final, en junio de 1929, la Iglesia católica y el gobierno federal firmaron un acuerdo con la injerencia de los Estados Unidos. En consecuencia, las misas fueron reanudadas, sin que esta nueva circunstancia convenciera a los líderes cristeros de deponer las armas, luego que se habían roto el alma por defender sus creencias. Muchos de ellos se sintieron traicionados por la propia Iglesia y se mantuvieron en alerta permanente.
Sin embargo, la Guerra Cristera ha sido ocultada por años en los libros educativos, principalmente, y los de la historia nacional, Han sido muy pocos los historiadores que se han abocado a estudiar este conflicto interno del país y lo han difundido; son contados aquellos especialistas que han logrado destacar la importancia que tuvo la Cristiada, como Jean Meyer y Lorenzo Meyer. El primero de ellos, un extranjero de origen francés y nacionalizado mexicano, ha publicado en tres volúmenes la historia de la Guerra Cristera.
Fueron los gobiernos emanados del PRI, fundamentalmente, quienes ocultaron deliberadamente la historia del conflicto cristero. Y a pesar de que los gobiernos recientes no han prohibido la divulgación histórica de la Cristiada, sí hace falta difundir ampliamente el conocimiento histórico de este enfrentamiento interno en todas las áreas: la educación, las ciencias sociales y los medios de comunicación. Así como son estudiadas en la escuela las otras luchas del pueblo mexicano, como la Independencia de México, la Guerra de Reforma y la Revolución Mexicana, habrá que conocer a fondo todo aquello que intervino en la Guerra Cristera.
Junto con ello, será importante y necesario asomarse a la literatura mexicana que está relacionada con la Cristiada, como el caso de las novelas La Virgen de los Cristeros, de Fernando Robles, en 1934; Tirano y víctimas, de Claudio Álvarez, en 1938; Pensativa, de Jesús Goytortúa, en 1945; Rescoldo, los últimos cristeros, de Antonio Estrada, en 1961, y Entre las brumas, de Nemesio Rodríguez, en 2026 (a cien años de la Cristiada). Estas obras literarias harían posible conocer la Guerra Cristera de un modo amable, emotivo e interesante. La literatura siempre ha acercado a la humanidad sus propios conflictos, para entenderlos y valorarlos.
Edición: Estefanía Cardeña