Opinión
José Díaz Cervera
29/09/2026 | Mérida, Yucatán
“Quién le parte el pollo al usurero…?”
H. M. Enzensberger
No.
No somos corderos. No estamos hechos para el sacrificio.
No tendríamos que ser manjar para los lobos.
Tampoco tendríamos por qué ponernos del lado de los lobos para mantenernos a salvo de ellos; mucho menos tenemos que hacerlo para tratar de que nos crezcan garras, colmillos, egoísmo y voracidad.
Tal vez lo único que corresponda es mantenernos lejos del mutismo: sin hacer ruido, sin hacer bulla: sólo cantando, sólo pronunciando la palabra exacta, el concepto pulcro, el sonido que nos arranque del pasmo y nos aproxime al tiempo boquiabierto, a la sorpresa de un silencio lleno de oraciones sencillas, de palabras que interpelan nuestra humanidad.
Habría que ponernos los ojos de Susan Sarandon, la planta del pie izquierdo de Susan Sarandon, los grilletes que la policía norteamericana puso a Susan Sarandon en Nueva York.
No somos corderos.
Sólo deseamos un mundo muy distinto.
No queremos ser lobos.
Tampoco deseamos el exterminio de los lobos.
Sólo queremos ajustar el mundo para que en él haya sitio para todos, dignidad para todos, flores y caminos donde podamos todos transitar sin garras ni colmillos que nos amenacen. Sólo queremos un mundo sin usura y sin chantaje y con pleno derecho a no ser engañados por los mismos de siempre.
¿Es mucho pedir?
Escribo con el deseo de robarle unas palabras a quienes se han adueñado de ellas; escribo en los pezones del aire, lejos de los mingitorios, lejos de los ombligos de hojalata y de los calcetines tejidos con salmueras y obediencia.
Frente a esta pantalla se me rompen las manos. Gracias a esta página, sigo cantando. Voy junto a Susan Sarandon sin hacer ruido, pero con una canción en la planta de los pies.
Edición: Estefanía Cardeña