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Las imágenes también callan

Noticias de otros tiempos
Foto: Caricatura Amora, Pica -Pica, 4 de diciembre de 1915

La frase “una imagen dice más que mil palabras” se ha convertido, con el paso de los años, prácticamente en un axioma. Se acepta sin cuestionar, y aunque existen investigaciones que las tratan como documento y efectivamente pueden “extraerles” mucha información, lo cierto es que una fotografía, video o cualquier otro medio gráfico también puede ocultar información o bien limitarse solamente a dar indicios, en el mejor de los casos.

También debe distinguirse ante qué imagen nos encontramos. Durante el siglo pasado, las fotografías adquirieron una categoría evidencial. Ocurría que, a diferencia de los retratos al óleo, dibujos o caricaturas, el hecho de que fuera una máquina la que capturara la luz le confería veracidad al acontecimiento que se documentaba. La foto podía decir: “aquí está el testimonio de que esto sucedió”.

Pero cuando hablamos de ilustraciones y no de instantáneas, la subjetividad opera tanto desde quien la elabora como del lado de quien observa. Los dibujos y caricaturas dicen mucho, pero lo hacen para quien ya tiene la mirada entrenada; pero también, esa misma mirada, se puede decepcionar profundamente de lo que contempla a causa del (poco o nulo) talento del ilustrador.

Yucatán no ha sido una tierra pródiga en caricaturistas. Los que han demostrado talento para el dibujo y han mantenido consistencia técnica son apenas un puñado. Tal vez por eso en las publicaciones que incluyeron estas imágenes abundan los seudónimos y pocas veces se puede rastrear el nombre del dibujante. 

Un caso de estos es Amora, quien firmaba las caricaturas del semanario Pica Pica, que se publicó entre 1915 y 1919, aunque para este último año ya aparecía el nombre de un responsable de los grabados: Julio Pacheco. Sin embargo, para 1915 encontramos un dibujo en litografía bastante tosco, sin dominio de la línea ni de las proporciones. Y sin embargo, a pesar de ello, se reconoce la entrada del Parque del Centenario, y una posible historieta que no queda muy clara:

La ilustración lleva por título “Cir vacila en el Centenario” y apareció publicada en el número correspondiente al 4 de diciembre de 1915. A todas estas, Cir era otro seudónimo, aparentemente el de un redactor de la revista. La caricatura es una secuencia de “vistas”, de manera que el lector podría seguir el trayecto del gacetillero, pero sobre todo, lo que se revela es la afición a las bebidas espirituosas del cronista. De ahí que la entrada al jardín sea identificada como “donde refinó”, lo que debe traducirse como que ingirió algún trago de alta graduación. Esto cobra importancia porque esta entrega de Pica Pica salió a la luz una semana antes de que el general Salvador Alvarado decretara el cierre permanente de cantinas y tabernas, junto con la prohibición de fabricar bebidas alcohólicas, lo que debió pesar en el ánimo de todo el gremio periodístico de entonces. 

Los siguientes cuadros son los animales que Cir vio y los que no vio en el Centenario. Esto, se adivina, que la exposición de fauna debió ser una novedad, aunque Pica Pica no hizo referencia alguna a si se había hecho alguna modificación en el parque. Sin embargo, el reportero posiblemente esperaba ver bestias exóticas como tigres, elefantes, jirafas, y en cambio tuvo que conformarse con reses, cerdos, chivas, un mono, diversas aves, niños y damas. Es probable que el público esperara una exhibición semejante a la que traía el Circo Orrin, en lugar de lo que encontraría en algún monte o hacienda cercana. 
El final de la caricatura es el lago, donde Cir “botó la chicharra”; es decir, el paseo no bastó para acelerar el proceso de metabolizar el alcohol, por lo que terminó devolviendo los alimentos ingeridos previamente, y por lo que deja entender la imagen, estos terminaron en el cuerpo de agua del parque.

Afortunadamente para Cir, suponemos, en ese entonces el agua del lago del Centenario estaba libre de sospechas de contaminación por amebas, primero porque el manto freático de Mérida estaba mucho más limpio que hoy en día; segundo, porque también se limpiaba periódicamente, aunque hasta la fecha, nadie recomienda echarse un chapuzón en él, y tampoco tiene las dimensiones como para practicar deportes acuáticos. Eso vino después y es materia de otras notas y otros tiempos.



Lea, del mismo autor: Un hospital legendario


Edición: Estefanía Cardeña



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