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Foto: Fernando Eloy / Archivo

El fin de semana, el movimiento de trabajadores del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) reveló que la vulnerabilidad en la que se encuentran los organismos públicos de atención a la salud es compleja en extremo y que su solución va mucho más allá de la inyección de fondos y aumentos de sueldos. Al respecto, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo ya expresó que deben “resolver y atender las demandas legítimas”.

Independientemente de si se desea calificar qué es legítimo y qué no en estas protestas en particular, es necesario analizar las diferentes exigencias de los trabajadores del IMSS, definiendo cuáles corresponden a las autoridades de la institución, cuáles a los gobiernos federal y locales, y las que tocan a la representación laboral.

Las demandas del personal pueden dividirse en tres partes: aumento salarial y que éste se refleje en el tabulador directo; no en un porcentaje mayor a su administradora de fondos para el retiro (Afore) ni en prestaciones de las que no todos disfrutan, además del reconocimiento, mediante la basificación, de quienes ingresaron durante la pandemia mediante contrato, porque se les prometió integrarlos a la plantilla permanente. Sigue la solución al desabasto de medicamentos y a contar con materiales de curación, laboratorio y, aunque parezca broma, hasta de limpieza. 

Por lo pronto, Zoé Robledo, director general del IMSS, ha anunciado un proceso de escucha “piso por piso” sobre lo que afecta directamente a los trabajadores. El ejercicio resulta un tanto cuestionable, especialmente porque el conflicto ha escalado por la insensibilidad de algunos directivos, como fue el caso de Roberto Ramos Alor, delegado del IMSS-Bienestar en Veracruz, quien ante el reclamo de una médica residente del Hospital de Alta Especial de esa entidad por no contar con materiales, respondió: “Si usted no quiere operar, no participar, porque usted se siente ofendida de no tener las herramientas para operar, pues no opere, así de sencillo”. 

El tema de fondo es que el régimen de la Cuarta Transformación (4T) ofreció prácticamente un nuevo sistema de salud pública, y se creó la expectativa de contar con funcionarios más sensibles a los problemas de la derechohabiencia, que no sólo ha experimentado el dar varias vueltas para recibir algún medicamento indicado por su médico tratante, sino también que le están pospuestos análisis, pruebas como ecogramas o resonancias magnéticas, o una cirugía urgente, porque ya se agotó el presupuesto para ello. Así, resulta necesario aplicar una auditoría a las autoridades administrativas del IMSS, porque tratándose de un organismo cuya función es garantizar el acceso a la salud como un derecho, sus procedimientos deben asegurar la adquisición y surtido de medicamentos, equipos e insumos necesarios para ello.

En cuanto a la seguridad laboral, la justicia sería el cumplimiento de la promesa de incorporación plena para el personal sanitario que ingresó desde marzo de 2020, arriesgando o incluso perdiendo la vida ante el Covid-19, aparte de haber soportado ataques por parte de la población, cuando abordaban el transporte público. Quienes fueron llamados “héroes de la salud” merecen la seguridad laboral como reconocimiento mínimo, no quedarse con una promesa de cumplimiento incierto.

Por otro lado, la inconformidad también ha sido contra el Sindicato Nacional de Trabajadores del Seguro Social (SNTSS), que como organización ya ha tenido varios episodios de cuestionamiento a la representatividad de sus líderes. El historial del gremio ha sido conforme al corporativismo que ha caracterizado al sistema político mexicano desde la década de 1930, lo que ha permitido a varios secretarios generales obtener una curul, lo que precisamente los ha distanciado de la base trabajadora; de ahí la importancia que tendrá la votación sobre el aumento salarial ya aprobado, que se llevará a cabo mañana.

De una u otra forma, lo que ocurre en el IMSS impacta en todo el país. El Instituto ha sido clave en la historia contemporánea de México, tanto como garante del acceso a la salud como por haber dignificado profesiones como la enfermería. Es tiempo de que su transformación sea una realidad, por el bien de todos.


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Edición: Estefanía Cardeña



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