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Foto: El rapto de Proserpina, de P. P. Rubens (1638)

—Mi papá está desahuciado. No sabemos cómo decirle.

María suele ser alegre y optimista. Hoy su rostro está desencajado. Como si el mundo se le hubiera venido encima en un solo día. 

—Lo anunció el médico: el cáncer está en fase terminal. Mis tres hermanas y yo no nos ponemos de acuerdo. ¿Deberíamos decirle? Una piensa que hay que darle la noticia de inmediato; otra, que no vale la pena si de todas formas no hay remedio; la menor opina que es mejor esperar y ver si acaso se resuelve solo: cree en los milagros. 

—¿A ti qué te gustaría hacer? —le pregunto.

Comienza a llorar. Los otros nos hacen las preguntas que nosotros preferimos no plantearnos.

Inevitable pensar en La salud de los enfermos, el memorable cuento de Cortázar. Una familia se encuentra ante una disyuntiva similar a la de María. Alejandro, uno de los hijos, ha muerto. El resto de los hermanos decide no informar a la madre. ¿Vale la pena? La mujer está vieja y enferma. Inconcebible darle una noticia que la derrumbe. Encuentran la solución perfecta. Le inventan una historia: el hermano se tuvo que mudar abruptamente a Brasil. Se hacen pasar por él y le escriben cartas falsas a la madre. Al inicio, ella se consuela con las noticias de su hijo. Pronto surgen, inevitables, las preguntas: ¿por qué se fue sin avisar? ¿por qué en sus cartas no me nombra por el apodo que sólo él sabe? ¿por qué no toma vacaciones y viene de visita? La familia persiste en su comedia, pone en juego su creatividad. Una mentira oculta otra mentira. ¿Quién querría saber la verdad, si nos traerá sufrimiento?

—No lo sé —acepta María—. Me siento confundida. Papá pregunta: "¿Por qué estoy orinando sangre? Le digo: una infección, pa. Tómate tu antibiótico.

¿Cuánto tiempo puede sostenerse una mentira? Pienso en cuántas verdades ocultas hay en el libro que recientemente terminé, la Teogonía de Hesíodo, y cuando mi mente está a punto de aterrizar en una —Prometeo le miente a Zeus—, viene el cuestionamiento de María:

—Si fuera yo la que está por morir, ¿preferiría saber o no saber? Una parte mía dice: merece que le digas. Otra piensa: una mentira piadosa no le hace daño a nadie.

La verdad duele, desilusiona. Queremos saberla y no saberla. Huimos de ella, pero corremos a buscarla cuando la duda apremia. No es en la Teogonía, sino en los Cantos Homéricos, en donde se nos cuenta hasta qué punto se persigue la verdad. Perséfone, hija de Deméter y Zeus, es una muchacha joven. Un día sale al campo a recoger flores. En el prado se encuentra un narciso. Se acerca a recogerlo —es extraordinariamente hermoso— sin saber que la flor es una trampa. Cuando la arranca, la tierra se abre y del interior surge Hades. El dios del mundo de los muertos secuestra a Perséfone. Ella grita, pide ayuda. Deméter la escucha, no sabe dónde está. Sale a buscarla, recorre el mundo con antorchas encendidas. No come, no descansa. Repleta de angustia, sin saber qué ha sucedido, busca a su hija con desesperación. Al fin, encuentra a Helios, el dios solar, que lo ve todo desde lo alto. Él le revela que fue su propio marido quien la traicionó: Zeus permitió que Hades raptara a su hija. Enfurecida, Deméter renuncia a sus funciones. Ella, diosa de la agricultura, de las cosechas, hace que la tierra deje de producir: las semillas no germinan, los campos se secan, el mundo muere de hambre. Solo así consigue que Zeus le ordene a Hades que devuelva a Perséfone.

La verdad no siempre nos hace libres. No del todo. El dios del inframundo había hecho que Perséfone comiera semillas de granada. Quien come en el Tártaro no puede regresar por completo al mundo de los vivos. Tras muchas negociaciones, Zeus determina: Perséfone pasará una tercera parte con Hades y dos terceras partes con los vivos. Es el mito de las estaciones: la tierra florece cuando Perséfone está con su madre; cuando vuelve con Hades, cae nieve en el mundo. 

—Así lo veo: mis hermanas y yo seremos piadosas. No es fácil decirle a alguien que se está muriendo.

¿En qué consiste la disyuntiva de María, Deméter, la madre del cuento de Cortázar? ¿Qué hacen con la verdad y la mentira? María la posterga, la maneja a su conveniencia. Deméter va tras ella, y lo que se encuentra es la traición de su esposo. La madre del cuento de Cortázar, parece, nunca la creyó. En su lecho de muerte le agradece a sus hijos: “Qué buenos fueron conmigo [...] todo ese trabajo que se tomaron para que no sufriera”. Los hijos se angustian. Ahora tienen que avisarle a Alejandro, finado hacía tiempo, que su madre ha muerto. ¿Cómo le van a dar semejante noticia?

Lo adivinaba María: es difícil ser quien entrega una noticia de muerte. Es la función de las mentiras: son un modo de afrontar la realidad. 

Alonso Marín Ramírez es escritor, sicoanalista y siquiatra de adultos y niños.


Lea, del mismo autor: —Jamás sería tu paciente


Edición: Estefanía Cardeña


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