Opinión
Felipe Escalante Tió
22/10/2026 | Mérida, Yucatán
El escrutinio a la clase política nació prácticamente con la Revolución Francesa, que dio pie a la conformación de las garantías individuales. Pero sin duda, el signo de que una parte de la población estaba dispuesta a ejercerlo se encuentra en el desarrollo del periodismo, especialmente el satírico.
Los periódicos políticos burlescos han sido clave para dar cuenta de los enfrentamientos entre grupos políticos, de ahí que sea posible encontrar, en los archivos, varios casos en contra de periodistas, u otro fenómeno que también ha sido parte de la historia de prácticamente todos los países donde se ha ejercido la crítica: la persecución del periódico, sus colaboradores y los atentados contra ellos.
Pero un individuo suele atraer la atención en este tipo de publicaciones: el encargado de elaborar ilustraciones en las que se reconoce al funcionario o persona pública. En Estados Unidos se registró la anécdota de un político de apellido Tweed, de quien se dijo que en una entrevista exclamó: “No me importa lo que se escriba de mí. Mis electores tampoco saben leer, pero ¡esos malditos dibujos!”. Claro, con personajes así, resulta casi natural definir al caricaturista como el animal político que se alimenta de los políticos animales.
Ahora, en el periodismo satírico, no todos los políticos son asociados al reino de las criaturas irracionales (?). Las ilustraciones y los textos recogen otro tipo de seres, a los que distingue la flexibilidad de su espinazo, que les permite ejecutar contorsiones que desafían la imaginación, o la capacidad de ejecutar acrobacias sobre una superficie en movimiento, en el aire o sobre una cuerda colocada en las alturas… y siempre caer de pie.
En su edición del 15 de julio de 1915, el semanario La Cucaracha, que se publicó en Yucatán a inicios del gobierno de Salvador Alvarado, nos dejó una ilustración que resumía cómo los partidarios de Venustiano Carranza querían que se viera al grupo de la Convención de Aguascalientes, en el cual destacaban como líderes Francisco Villa y Emiliano Zapata. El ilustrador dejó una caricatura sumamente compleja en su diseño, y que además requirió las páginas centrales de la revista.
El proyecto de Francisco Sánchez B., el autor de las caricaturas, según el indicador del semanario, parece haber desafiado sus capacidades, ya que el trazo se percibe hasta torpe, a diferencia de la ilustración de la portada, que es una composición a colores en la que el general Alvarado se eleva en un globo aerostático mientras una multitud lo contempla a las puertas del parque del Centenario, que ya ha sido abordada en esta columna. En cambio, “Gran circo político. Animales amaestrados”, pretende mostrar el interior de una carpa, y cuesta trabajo distinguir a los personajes, así que recurrió a una descripción de la escena, que bien pudiera leerse con el tono de un maestro de ceremonias, anunciando el espectáculo:
“¡Grandioso Programa! Última función (por tener que dejar la pista). Todos los artistas en juego. Actos sorprendentes. Zapata, el Atleta (?) Suriano, levantando barras de oro, plata, zinc, estaño y todo lo que se pueda ‘levantarse’. El maromero [Antonio I.] Villarreal en sus piruetas sobre el tapete multicolor. El equilibrista [Francisco] Villa bailando en la ‘cuerda floja’ y el célebre [Felipe] Ángeles en su fácil acto de ´la caída del mecate’. La escultural Nachita de la Torre en su acto ecuestre, mientras el “tonto de pista” [José] Vasconcelos trata de hacerla pasar por el aro (¡ay! ¡ay! ¡ay!). [Antonio Díaz] Soto y Gama en sus planchas. La mula del Partido Clerical relinchando, tirará cómicamente al pirrimplín Paredes. Y por último, entrada musical del clown [Roque] González Garza, que no tocará la flauta (ni por casualidad). ¡A reír, a gozar…! ¡Adiós a México! ¡Adiós!”-
Lo que deja ver la ilustración fue cómo, para ese momento de 1915, los grupos revolucionarios se habían descompuesto y reajustado en la lucha por el poder. Villarreal había sido gobernador de Nuevo León al amparo de Carranza, pero luego fue presidente de la Convención de Aguascalientes. González Garza había sido secretario particular de Francisco I. Madero, Vasconcelos se inició políticamente como maderista, y resulta particularmente que se le llame “tonto de la pista” y además relacionándolo con Ignacio de la Torre; ¡sí, el yerno de Porfirio Díaz y el que presuntamente habría hecho número par la concurrencia al “baile de los 41”. La prensa constitucionalista se encargó de exponerlo como “licencioso”, por decir lo menos, y en las ilustraciones siempre aparece con grandes faldas.
Pero independientemente de los ajustes de cuentas entre la clase política, los cambios de simpatías, partidos e ideologías siempre terminan con la referencia del circo, y los personajes de vestimenta más colorida siempre suelen ser los graciosos payasos. Pero eso… es tema de notas que se repiten en todos los tiempos.
Edición: Estefanía Cardeña