Opinión
Ornela De Gasperin Quintero
26/10/2026 | Mérida, Yucatán
Un hombre de Atlanta está tratando de adoptar bebés. La mamá: su chatbot, a quien considera su pareja y la futura madre de sus hijos.
Este fenómeno de apego y dependencia emocional hacia la IA, es cada vez más común. Y si no resistimos, se volverá universal.
Cuatro de cada cinco jóvenes en EUA han interactuado con un ‘compañero’ IA, y la mitad lo hacen de manera regular. Replika, una nueva aplicación de inteligencia artificial, se vende como ‘la amiga con quien hacer la vida’. La IA está volviéndose amigo, terapeuta, pareja, apoyo, sociedad.
¿Cómo llegamos a esto? Por efectos del capitalismo.
¿Qué nos hace felices, saludables y, esencialmente, humanos? No es el dinero ni la fama.
Un estudio de Harvard, que sigue activo desde el año 1938, ha seguido a más de setecientas personas desde su juventud, por más de setenta años, y ha llegado a resultados infalibles.
El ser humano es social y gregario por naturaleza. La soledad nos enferma y nos mata.
Una vez cubriendo las necesidades reales de las personas: vivienda, educación, salud, tiempo libre, el dinero adicional no hace diferencia en nuestra felicidad. No difiere si te pagan cien mil o cien millones de pesos al mes. Lo que sí determina tu salud y tu felicidad son tus relaciones sociales. Las personas con relaciones sociales más buenas, fuertes y estables en sus cincuenta años eran las más saludables a los ochenta. No es el dinero, sino las conexiones y vínculos sociales, las que determinan vidas felices, sanas y largas.
El capitalismo, por un lado, limita lo que requerimos para tener amistades y para construir relaciones sociales fuertes, como nuestro tiempo libre y nuestra atención y, por otro lado, nos ofrece esas amistades en formato de chatbot.
Una sociedad que impone poco tiempo libre, inseguridad laboral, trabajos largos, y horas extensas de transporte (en parte porque los nómadas digitales viven en las zonas más céntricas), deja a las personas con poca capacidad mental al final del día. En esas condiciones, puede resultar más fácil hablar con un chatbot que siempre trata bien y que fue diseñado para complacer, que con un ser humano que puede estar igual de cansado.
Además, nuestra atención se ha vuelto una mercancía sumamente lucrativa para el capitalismo. Las grandes plataformas compiten día y noche por capturarla, cada vez con mejores algoritmos, con videos más llamativos, más cortos y adictivos. Al final, con poco tiempo libre, nuestra atención compite también entre videos, publicidad y personas.
La IA puede estar atrofiando nuestras capacidades de querer, de escuchar, y también de lidiar con la frustración que viene por interactuar con un ser humano que no es un código diseñado para hacernos felices.
Las soluciones, más allá de regular la IA, como lo está haciendo China, es demandar más tiempo libre y más seguridades sociales.
Además, el tiempo libre es una política ecológica. De acuerdo con Juliet Schor, cuando se reduce la semana laboral aumenta la calidad de vida, la salud mental y física, y al mismo tiempo, se reducen emisiones tóxicas y el consumismo. Al tener tiempo libre, inclusive en la economía actual, la gente consume menos, se toma tiempo para cocinar, reparar y convivir con otros humanos.
La IA, y la creación de centros de datos, que utilizan inteligencia artificial (IA), requieren cantidades gigantes de energía y de agua para funcionar. Estos centros llevan al despojo de recursos de las comunidades locales. En general, se construyen en lugares que de por sí padecen estrés hídrico.
El ejemplo más claro en México es Querétaro, que concentra el 72 % de los centros de datos del país. Allí, la empresa CloudHQ está invirtiendo 4 mil 800 millones de dólares para construir seis centros de datos, y Amazon Web Services 5 mil millones de dólares, para hacer una región digital.
Las demandas contra plataformas de IA, por haber inducido al suicidio de usuarios, en su mayoría adolescentes, crecen día a día.
Por eso, ser amigos, ser compañeros, es una resistencia a la IA y al capitalismo.
¡No hay justicia climática sin justicia social!